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La ruta del viaje de Francisco Esquivel Aldao (1788): un estudio de movilidad humana en la Patagonia argentina

ENVIADO POR EL EDITOR EL Martes, 09/06/2026 - 16:53:00 PM

Martín R. Vilariño*
Sergio L. D’Abramo**
S. Iván Pérez
***
Valeria Bernal
****

 

Resumen

En el presente trabajo se analiza la ruta del viaje emprendido por el comandante Francisco Esquivel Aldao desde el Fuerte de San Carlos (Mendoza) hasta Rucapulli (Neuquén) en el marco de la primera expedición militar del Ejército colonial de Cuyo al territorio de Neuquén en 1788. Nuestro objetivo es reconstruir la ruta seguida, y discutir los factores ambientales y sociales que habrían influido sobre la elección de la misma. Empleamos una aproximación que integra fuentes documentales con el modelado de datos ambientales mediante sistemas de información geográfica (SIG). Nuestros resultados muestran que, aunque en líneas generales la elección de la ruta seguida estuvo fuertemente condicionada por las variables ambientales, la misma transitó por un espacio habitado por grupos originarios y, por lo tanto, el contexto social fue un aspecto relevante en la toma de decisiones.

Palabras clave: expedición militar, modelado por SIG, ruta de menor costo, pehuenches.

 

Abstract

This paper analyzes the route taken by Commander Francisco Esquivel Aldao from Fort San Carlos (Mendoza) to Rucapulli (Neuquén) during the first military expedition of the Cuyo colonial army to the Neuquén territory in 1788. Our objective is to reconstruct the route followed and discuss the environmental and social factors that influenced its selection. We employ an approach that integrates documentary sources with environmental data modeling using geographic information systems (GIS). Our results show that, although the route choice was generally strongly influenced by environmental variables, it passed through an area inhabited by indigenous groups, and therefore, the social context was a relevant aspect in the decision-making process.

Keywords: military expedition, GIS modeling, least cost route, Pehuenches.

 

Introducción[1]

Las vías de circulación constituyen una parte estructural de los sistemas de movilidad de las poblaciones humanas que conectan distintos espacios del territorio y se establecen con arreglo a características ambientales y socioculturales particulares.[2] La importancia de los múltiples tipos de vías (caminos, senderos, sendas, etcétera)[3] radica en su función como facilitadores de la circulación y conectores de objetos, personas, recursos naturales e ideas.[4] Son espacios en los que las personas tienen experiencias singulares sobre las que se guarda memoria, y pueden reflejar aspectos cognitivos y comportamentales.[5] A pesar de su relevancia, el estudio de las vías de circulación de las poblaciones humanas del pasado ha tenido un desarrollo limitado. Esto resulta, en parte, de los desafíos que presenta su localización debido a que generalmente carecen de demarcaciones visibles y exhiben un escaso registro material asociado al movimiento de los individuos y los grupos en el espacio.[6] Esta dificultad es importante cuando los intentos de reconstruir los caminos en los territorios indígenas se focalizan en momentos históricos. En la mayoría de las ocasiones, los documentos referidos a los territorios indígenas para este periodo no suelen describir con precisión los caminos existentes; por el contrario, cuando los mencionan, lo hacen de forma fragmentada, siendo en verdad excepcional la documentación que los describe con detalle.[7]

 

Pese a todo eso, en los últimos años se ha comenzado a delinear un panorama sobre las estrategias de movilidad de las poblaciones humanas del norte de Neuquén y sur de Mendoza (Patagonia argentina).[8] En conjunto, la evidencia arqueológica y etnográfica sugiere un escenario de movilidad restringida durante el Holoceno tardío y tiempos históricos, con ocupación residencial de las áreas bajas y uso estacional de las tierras altas.[9] Los trabajos arqueológicos, particularmente aquellos que emplean datos sobre la distribución de sitios habitados, artefactos e indicadores isotópicos (estroncio, oxígeno) o geoquímicos provenientes de materias primas,[10] indican que el desplazamiento en el norte de Neuquén estuvo influenciado por la heterogeneidad ambiental de la región, cuya importante variación altitudinal y estacional da lugar a zonas con alta capacidad de carga ubicadas a elevada altitud disponibles durante los meses de verano y zonas bajas con menor capacidad de carga habitables todo el año.[11] También se han realizado estudios que analizan de manera conjunta datos ambientales y etnográficos para evaluar los factores que influyen en la disposición de las vías de circulación entre las áreas de veranada e invernada que siguen los crianceros trashumantes que habitan actualmente la región.[12]

 

La región cuenta con un amplio registro documental a partir del siglo XVI —diarios de viaje, oficios, partes militares, cartas, mapas— generado por viajeros, muchos de ellos funcionarios eclesiásticos y militares, como Manuel Olascoaga, Basilio Villarino, Luis de la Cruz, y Bernardo Havestadt.[13] Estos registros incluyen datos que informan de manera directa e indirecta sobre las estrategias y los condicionantes de la movilidad a distintas escalas espaciales en momentos históricos, razón por la cual han sido articuladas con el registro arqueológico, para un examen integral del sitio de Caepe Malal, de los arroyos Quilca y Vilcunco, y del río Malleo;[14] sin embargo, la información que contienen aún no se ha incorporado de forma sistemática al estudio de la movilidad de los grupos humanos que habitaron el territorio de Neuquén.

 

El objetivo de este trabajo es acrecentar la comprensión de los factores ambientales y sociales que dieron forma a las vías de tránsito humano en el norte de Neuquén durante los siglos XVIII y XIX. En particular, se estudia la ruta del viaje realizado por el comandante Francisco Esquivel Aldao desde el fuerte de San Carlos (Mendoza) hasta Rucapulli (Neuquén) en el marco de la primera expedición del ejército[15] colonial desde Cuyo hacia la actual provincia de Neuquén,[16] en 1788. Nos proponemos reconstruir el trayecto de la ruta empleando información histórica proveniente de fuentes documentales e información ambiental. Con base en los datos obtenidos, la ruta se modeló en el marco de sistemas de información geográfica (sig).[17] Finalmente, se discuten los alcances de la aproximación empleada en este trabajo para el análisis de las vías de circulación y la movilidad en el norte de Neuquén.

 

Contexto sociopolítico del viaje de Francisco Esquivel Aldao y los pehuenches

En el presente apartado analizaremos el contexto del viaje que emprendieron las fuerzas realistas de Cuyo para atacar las tolderías de Llanquetur. Éste se llevó a cabo en alianza con las parcialidades pehuenches asentadas en torno a la frontera meridional de Mendoza, como Malargüe, y en el norte de Neuquén —Varvarco, Tricao Malal y Cari Lauquen,[18] entre otros—.[19] La expedición fue conducida por Francisco Esquivel Aldao, comandante del fuerte de San Carlos, en 1788, con el objetivo de apoyar a sus aliados pehuenches de Malargüe durante las luchas entre pehuenches y huilliches.

 

Figura 1. Localización de los lugares mencionados entre San Carlos (Mendoza) y Los Primeros Pinos (Nauquén). Fuente: elaboración propia.

 

Este conflicto, que se desarrolló en la frontera sur de Cuyo, fue una de las múltiples consecuencias que tuvieron las rebeliones en Chile de mediados de la década de 1760. Según Zavala Cepeda,[20] las mismas se produjeron principalmente por dos motivos interrelacionados: los intentos de la Corona española de reducir a los distintos grupos mapuches en pueblos y la expulsión de los jesuitas. Ambas medidas generaron adhesiones y resistencias entre los principales lonko (caciques) y así obligaron a que se reformularan las relaciones fronterizas inter e intraétnicas, tanto por los cambios en los actores diplomáticos como por los enfrentamientos entre indígenas e hispanos y también al interior de las parcialidades. A este proceso se le sumó un ciclo de conflictos interétnicos impulsados por distintos lonko en ascenso que buscaron acrecentar y fortalecer sus liderazgos.[21]

 

La situación de inestabilidad política derivó en enfrentamientos armados entre distintos grupos huilliches y pehuenches y en la conformación de alianzas políticas y familiares a ambos lados de los Andes. El conflicto abarcó toda la frontera sur de Chile y Cuyo, y progresivamente se fue expandiendo hasta las regiones del norte neuquino y el sur de Mendoza,[22] donde adquirió forma en el enfrentamiento de dos lonko, Llanquetur y Ancanamun. Hacia la década de 1770 Llanquetur cobró relevancia como líder entre huilliches y ranquelches. Sus alianzas lo enemistaban con la parcialidad pehuenche liderada por Ancanamun, a cuyo padre, además, había asesinado.[23] El liderazgo de Llanquetur prosperó gracias a su capacidad para establecer alianzas con numerosas parcialidades de la Araucanía, de Neuquén y la Pampa, y a los ataques que efectuó contra la frontera colonial de Cuyo.[24]

 

Ancanamun, a su vez, se estableció en los límites meridionales de Cuyo, lo que implicó un peligro para la administración colonial de la región a raíz de los continuos ataques que cometía. En primera instancia, para frenar los embates de las distintas parcialidades indígenas, los hispanos decidieron fundar el fuerte de San Carlos (1770). Como los ataques continuaron, Francisco de Amigorena, comandante de frontera de Cuyo, decidió llevar a cabo una serie de campañas militares contra los pehuenches del sur de Mendoza con el fin de apaciguarlos y forzarlos a establecer una alianza, lo cual se logró en 1783.[25] El objetivo era contener la amenaza pehuenche en la frontera sur del virreinato; de igual manera, se combatiría a los huilliches de Llanquetur, aprovechando la rivalidad entre ambos grupos.[26]

 

Ante la persistencia del líder huilliche y sus aliados, que hostigaban tanto el territorio colonial como a los pehuenches del sur de Cuyo, las milicias realistas decidieron intervenir. Esquivel Aldao emprendió, a comienzos de 1788, una campaña militar hacia “tierra adentro” en conjunto con los pehuenches para atacar las tolderías de Llanquetur y de los principales lonko y capitanejos que lo apoyaban.[27]

 

Viaje de Francisco Esquivel Aldao y los pehuenches a “tierra adentro”

Para el presente estudio se analizaron dos transcripciones de la crónica de la campaña militar comandada por Esquivel Aldao: una aparecida en la Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza (en adelante rjehm)[28] y otra publicada por Gregorio Álvarez.[29] Estas versiones son complementarias, pues la segunda posee comentarios del autor útiles para establecer la ubicación de lugares que actualmente no se encuentran en los mapas (véase tabla 1).

 

 

Tabla 1

Síntesis comparativa de las dos versiones del viaje de Esquivel Aldao que incluye día, fecha de salida y lugares visitados por la expedición

Día y fecha

Lugares
(Mendoza, 1931)

Lugares
(Álvarez, 1972)

Encuentros con lonkos, capitanejos y chasques

Puntos y kilómetros recorridos

1: 26/1/1788

Salida:

San Carlos

San Carlos

 

Se camina toda la noche. Distancia 67.59 km (14 leguas) hasta el Llancha / Arroyo Llaucha en donde se acampa hasta las 5 de la tarde. Se marcha luego hasta el Arroyo de las Cortaderas durante 38.62 km (8 leguas).

2: 27/1/1788

Se acampa en:

Arroyo de las Cortaderas

Arroyo de las Cortaderas

X

Se parte hasta el arroyo de la Paja / de la Faja, distante 24.14 km (5 leguas), llegando a las 10 de la mañana. A las 4 de la tarde se parte hacia el arroyo del Carrisalito / Carrizalito, distante 14.48 km (3 leguas).

3: 28/1/1788

Se acampa en:

Arroyo del Carrisalito

Arroyo del Carrizalito

 

Se parte hasta el río Diamante, distante 33.79 km (7 leguas). Se cruza el río hacia las 16 hs. y se viaja hasta el cerro de los Buitres, distante 38.62 km (8 leguas) del cruce del Diamante.

4: 29/1/1788

Se acampa en:

Cerro de los Buitres

Cerro de los Buitres

 

Se parte hasta Agua Caliente, distante 28.96 km (6 leguas), llegando a las 9 de la mañana. A las 11 de la mañana, se parte hacia el manantial del río Atuel, distante 14.48 Km (3 leguas).

5: 30/1/1788

Se acampa en:

Manantial del Río de Atuel

Manantial del Atuel

 

Se parte hacia el arroyo de los Chacaicitos, otro nombre del río de los Sauces, distante 48.28 km (10 leguas).

6: 31/1/1788

Se acampa en:

Arroyo de los Chacaicitos

Arroyo de los Chacaicitos/ los Sauces

 

Se parte tomando el camino de la sierra hacia Malalgue / Malal Hue, distante 28.96 km (6 leguas), llegando a las 8 de la mañana.

7: 1/2/1788

Se acampa en:

Río Malalgue, San Pedro

Río Malal Hue, San Pedro

X

Se parte hacia el paraje la Laguna, distante 24.14 km (5 leguas), llegando a las 10 de la mañana. La misma está próxima a Corral de Guanacos hacia el poniente.

8-12: 2 al 6/2/1788

Se acampa en:

La Laguna

La Laguna

 

Se parte hacia Corral de Guanacos, distante 24.14 km (5 leguas), llegando a las 11 de la mañana.

13: 7/2/1778

Se acampa en:

Corral de Guanacos

Corral de Guanacos

 

Al medio día se parte hasta el río Butaco-bolebuy / Butacovuleuvú. Luego de andar 9.65 km (2 leguas) por la playa se llegó al arroyo Chaqui, distante 48.28 km (10 leguas) de Corral de Guanacos.

14: 8/2/1778

Se acampa en:

Arroyo de Chaqui

Arroyo de Chaqui (Chacay)

 

Se parte hacia Butaquión / Butaquito en donde se realiza un alto de tres horas. A las 14 hs se parte hacia Launquen, distante 96.56 km (20 leguas) desde el arroyo Chaqui.

15: 9/2/1778

Se acampa en:

Launque

Lauquén

X

Se parte hacia Caripulauquen / Carpulauquén (Cari epu lauquén), distante 33.79 km (7 leguas); llegando a las 9 de la mañana. A las 14 hs se parte hacia el río Pichico-butebuy / Pichi Covuleuvú (río Barrancas), distante 28.96 km (6 leguas).

16: 10/2/1778

Se acampa en:

Río Pichico-butebuy

Pichi Covuleuvú (río Barrancas)

 

Se cruza el río y se parte hacia Batrulán / Vatrulán (Vatrulauquén) y de ahí se sigue hasta Butaulauquen / Vuta Lauquén. En el día se anduvo 48.28 km (10 leguas).

17: 11/2/1788

Se acampa en:

Butalauquen

Vuta Lauquén

X

Se inicia camino hacia Ligeo / Lig-co (Liuco) y de ahí a Trecaamalal / Trecau Malal. A las 14 hs se parte hacia el río Ca / Curi Leuvú y de ahí al arroyo Guirin-chanqui / Huirinchenque. A lo largo del día se recorrieron 57.93 km (12 leguas).

18: 12/2/1788

Se acampa en:

Guirin-chanqui

Huirinchen-que

X

Se parte hacia el río Neuquén y de ahí hacia Tacunbylán (Taquimilán), recorrieron 57.93 km (12 leguas) a lo largo del día.

19: 13/2/1788

Se acampa en:

Sin datos

Tacunbylán (Taquimilán)

 

Se parte hacia Ranquelán / Ranquelón, distante 72.42 km (15 leguas), llegando a las 12 del mediodía.

20: 14/2/1788

Se acampa en:

Ranquelán

Ranquelón

X

A las 17 hs se parte hacia Mischilongo / Michilongo, distante 24.14 km (5 leguas).

21: 15/2/1788

Mischilongo

Michilongo (Loncomi-che)

 

Se parte hacia Mula-chico / Muchuleco / Moluchencó, distante 38.62 km (8 leguas), llegando a las 11 de la mañana. De allí se parte a Cunta / Cuntru, distante 33.79 km (7 leguas).

22 y 23: 16/2/1788-

17/2/1788

Cunta

Cuntru (Quintuco)

 

De Cunta / Cuntru se parte hacia distintos puntos del río Mocún (Agrio), tomando hacia el pie de la cordillera. Durante la noche se recorrieron 106.21 km (22 leguas), pasando dos cordilleras.

24: 18/2/1788

Se acampa en:

Bucapuly

Rucapulli

X

Se realizan los ataques a los huilliches situados en Los Primeros Pinos y luego comienza la retirada hacia Mendoza.

25: 19/2/1788

Se acampa en:

Indeterminado (en medio de dos cordilleras)

Indeterminado (en medio de dos cordilleras)

X

Se llega a un arroyo (en ambas versiones está en blanco) distante a 3 leguas desde donde se partió. Se sigue la marcha hasta acampar en medio de dos cordilleras. Durante la jornada tuvieron encuentros con distintos huilliches que pedían recuperar a sus familiares en manos de los mendocinos. También se sumaron una partida de huilliches a los pehuenches.

26: 20/2/1788

Se acampa en:

Pychimalal

Pichi Malal

 

 

Nota: Algunos topónimos indican variantes entre diversas fuentes o distintos pasajes de una fuente, y se han transcrito respetando la ortografía original. Fuente: Elaborada a partir de datos suministrados por Esquivel Aldao, op. cit., Álvarez, op. cit., y Nellar (1973).

 

La crónica inicia el 26 de enero de 1788, con la partida de Esquivel Aldao al mando de las fuerzas hispano-criollas, desde el fuerte de San Carlos hacia “tierra adentro” con “50 hombres, 25 de fusil y 24 de lanza; 2 cañones bien acondicionados, pólvora y bala”.[30] Los desplazamientos fueron realizados empleando caballos, aunque la crónica no indica si todos los hombres estaban montados.

 

Del viaje contra las tolderías de Llanquetur y aliados participaron también Francisco Barros y los lonko Pichintur, Canihuan, Currilipy, Matomala, Antemil, Anuaie, Millamain, Canivimain y Caniumain al mando de los pehuenches de Malalhue y de “los Pinales” (Neuquén). La primera parada fue Llaucha, donde el comandante se reunió con Pichintur y Matomala junto a cinco “mozetones”. Desde ahí siguieron rumbo al sur pasando por distintos puntos: el arroyo de la Paja, el arroyo del Carrizalito, el río Diamante, el cerro de los Buitres, Agua Caliente, el manantial del río Atuel, el arroyo de los Chacaicitos o de los Sauces, el río Malalhue o San Pedro. A este último arribaron el 1 de febrero y acamparon un día (véase figura 2). En ese lugar la columna recibió la visita de dos chasques; uno de ellos, hijo del lonko Anuaie, anunció a Pichintur que Canihuan, hermano de Pichintur, había marchado junto a sus hombres a encontrarse con Currilipy, familiar de ambos lonko. Currilipy y algunos líderes indígenas del otro lado de la cordillera de los Andes exhortaban a Pichintur y Matomala, junto a sus aliados mendocinos, a apurar la marcha para poder atacar a Llanquetur. Los dos lonko decidieron partir al encuentro de Currilipy lo antes posible. Mientras tanto, Esquivel Aldao optó por comunicar lo acontecido al gobernador Sobremonte y solicitarle permiso para continuar con el avance.

 

El 2 de febrero partieron —por un camino trabajoso de transitar a pesar de tener abundancia de pastos, agua y leña— hacia un paraje denominado La Laguna, contiguo a Corral de Guanacos, en donde se quedaron cuatro días aguardando la respuesta del gobernador. El 7 del mismo mes, ya recibida la respuesta esperada, partieron hacia Corral de Guanacos y desde ahí continuaron, por el camino de Menyen y Chanqui, hacia el río Butaco-Bulebuy, el arroyo Chaqui, y llegaron a Butaquión el día 9. En este último punto Pichintur recibió un chasque de Canihuan que le volvía a pedir prisa. Ante esto, decidió adelantarse hasta Launque, donde se encontraba su hermano, y anunciar la pronta llegada de los refuerzos. Esa misma noche, la columna de Esquivel Aldao alcanzó Lauque y se encontró con Canihuan, quien los recibió con “una plausible algazara celebrando nuestra llegada”.[31] Al día siguiente, retomaron la marcha pasando por Caripulauquen, el río Pichico-Butebuy y Batrulán. Cuando se encontraron en este último punto, el día 11, recibieron un chasque del lonko Canivimain, quien los esperaba más adelante en el camino y se les unió por fin en Butaulauquen (véase figura 2). Al verlos, el lonko y sus hombres practicaron escaramuzas como señal de bienvenida. Ya en ese punto, recibieron desde Tricecaomala (Tricao Malal; véase figura 2) un chasque enviado por los lonko Antemil y Millamain, quienes solicitaron que aceleraran el paso.

 

 

Figura 2. Representación de los lugares mencionados entre San Carlos (Mendoza) y Primeros Pinos (Neuquén) en la crónica de Esquivel Aldao. [Nota para el grupo autoral: Faltan los datos de la fuente de donde se retomó el mapa]

 

Al día siguiente partieron hasta el lugar en donde los esperaban los lonko, pero antes pasaron por Ligeo, donde los indígenas que acompañaban a la columna cambiaron caballos y se pusieron coletos y cotas de malla. Luego continuaron hasta Trecaomala; allí los esperaban los caciques que el día anterior les habían enviado el chasque. Al llegar, salieron a su encuentro:

 

[...] los capitanejos de los Caciques Antemil y Millamain y Matamola, con mallas y cotas, batiendo banderas y haciendo como un fuego de cañas con bien ordenadas escaramuzas, y llevándonos donde sus Caciques nos esperaban, fuimos recibidos con gran regocijo de todos ellos en conformidad, que toda la mañana emplearon en gustoso festín.[32]

 

Este ritual de bienvenida y la posterior fiesta era común entre los grupos indígenas de la frontera de Mendoza a la hora de recibir aliados, ya en momentos de paz y durante los parlamentos, ya en tiempo de guerra.[33]

 

Luego de este encuentro, siguieron camino hacia el sur. Pasaron por el río Ca, el arroyo Guirinchanqui, el río Neuquén, Ranquelan y Tacunbylán. Aquí encontraron a “los caciques mancomundados con nuestros amigos que con sus soldados pasaba de 300”,[34] que organizaron una celebración similar a la hecha en Trecaomala. Esquivel Aldao, al pasar revista de toda la tropa, cuenta con 27 hombres de fusil, 100 de hondas y machutones y 300 de lanzas.

 

El día 15 de febrero de 1788, la columna parte hacia las tolderías de los huilliches para atacarlos, pasando antes por Mischilongo, Mula-chico (de donde se enviaron exploradores hacia los caminos utilizados por los huilliches) y Cunta, en donde encontraron a sus enviados con seis mujeres y un hombre huilliches. Otros seis indígenas habían conseguido escapar y, ante el temor de que éstos dieran la alarma, la expedición decidió darles alcance en los pasos del río Ma. A partir de aquí se dividieron en dos, un grupo que atacaría las tolderías de los lonko Piulan, Caullan y sus seguidores, y otro (en donde se encontraban Esquivel Aldao y Pichintur con sus hombres) que atacaría las de Llanquetur.

 

La persecución se desarrolló entre los días 16 y 17 con sus respectivas noches. Para el 18, Pichintur y sus hombres, al ver que los caballos de los mendocinos se encontraban en mal estado debido a la extensión y dificultad del camino recorrido, decidieron partir solos a dar caza a Llanquetur. El resultado del ataque fue el asesinato de algunas personas, el cautiverio de “chusma” y el robo de distintos elementos, pero no pudieron asesinar a Llanquetur, pues no se encontraba en esas tolderias. De allí, se dirigieron a los asentamientos de Arcaebel y Lepnopan, aliados de Llanquetur.[35] Lepnopan había guarecido bien sus tolderías —que Álvarez[36] ubica en Primeros Pinos—, seguramente situadas en un malal,[37] de modo que los pehuenches no pudieron provocarles grandes daños sino hasta la llegada de Esquivel Aldao. El resultado fue la derrota y fuga del lonko, el saqueo de los despojos y un total de 200 muertos y 150 cautivos recuperados. Luego de los ataques, mendocinos y pehuenches alcanzaron Bucapuly (Rucapulli) y acamparon en un arroyo cercano mientras los hombres de Pichintur reunían el ganado robado a los huilliches.

 

Al día siguiente, el 19 de febrero, circuló entre los pehuenches el rumor de que los huilliches preparaban una contraofensiva, por lo cual Esquivel Aldao decidió retirarse junto con los principales lonko. Con pocos hombres para defenderse y resguardar a los cautivos[38] y el botín (entre 8 000 y 20 000 cabezas de ganado), la columna enfiló hacia tierras amigas, pasando por un arroyo del cual no figura ninguna denominación o referencia que sirva para identificarlo en las versiones consultadas. Al lugar llegó un chasque de parte de Lepnopan con un mensaje de paz para los mendocinos y exigiendo la devolución de su familia, que había sido hecha prisionera. Luego, atravesaron dos cordilleras camino a Pychimalal (Pichi Malal) —donde se reunieron con Currilipy—, el río Macun, Menchon, Ranquelan, el río Cadulebuy, el arroyo Butaluquen, el río Pichobulebuy, Coypulauquen, Calmuico, Coyue, Corral de los Guanacos, Butamallin, el río de los Sauces, el manantial del río Hatuel (Atuel), el río Diamante y el Llaucha, y llegaron a San Carlos el 8 de marzo de 1788. Si bien la campaña militar no logró su objetivo principal (la captura o el asesinato de Llanquetur), generó un gran golpe al líder huilliche y fortaleció los vínculos diplomáticos entre la administración colonial y los pehuenches.

 

Modelado espacial de la ruta de viaje y factores ambientales

Reconstrucción de la ruta

Para trazar el camino que siguió el comandante Esquivel Aldao desde San Carlos en Mendoza hasta Rucapulli en el Neuquén, en primer lugar, se localizaron las ubicaciones geográficas mencionadas en la crónica. Luego, los puntos georeferenciados se unieron con la distancia más corta entre dos puntos y el algoritmo least cost path (lcp, ruta de menor costo, en inglés).[39] Posteriormente, con el fin de comparar en qué medida la reconstrucción de la ruta concuerda con un camino óptimo considerando variables ambientales, se modeló el camino empleando una aproximación que combina una superficie multicosto y el algoritmo de lcp.

 

Una vez identificados espacialmente los lugares mencionados en la crónica, se construyó una matriz de datos que fueron georreferenciados en el software QGIS versión 3.22.1 Białowieża. La ubicación del lugar denominado Rucapulli,[40] que corresponde al punto final de viaje, no pudo ser identificada con exactitud; es por ello que se optó por utilizar Primeros Pinos.

 

A partir de los parajes localizados y georreferenciados obtenidos del análisis de la crónica, se reconstruyó el camino seguido entre cada localización inmediata del trayecto de ida, desde San Carlos hasta Primeros Pinos. Esto se llevó a cabo siguiendo tres criterios: a) conectando pares de puntos próximos y sucesivos en el recorrido con una línea recta; b) aplicando el algoritmo lcp sobre un modelo digital de elevación (mde) de 30 metros como superficie de costo, y c) sobre una superficie de costo acumulada. En particular, para este último criterio se estimó el costo anisotrópico acumulado entre un punto de inicio y un punto de llegada[41] sobre la superficie de fricción generada a partir de la pendiente del territorio y aplicando la función de desplazamiento (figura 3).[42]

 

 

Figura 3. Función de desplazamiento. Fuente: Tobler (1993). T = tiempo (horas por metro); S = pendiente del terreno (grados).

 

Por último, se calculó la distancia mínima entre cada punto localizado y su próximo inmediato, a partir de la herramienta de QGIS “distancia al eje más próximo (línea a eje)”.

 

b) Modelado de superficies de fricción y caminos óptimos

Para evaluar en qué medida Esquivel Aldao trazó sus planes considerando exclusivamente variables del territorio, se modeló un camino de menor costo entre los extremos del recorrido. Utilizando la información de investigaciones previas sobre movilidad humana en el área de estudio,[43] se identificaron características del territorio que podrían influenciar la marcha entre San Carlos y Primeros Pinos. En particular, se consideró altitud, densidad de vegetación, disponibilidad de agua y presencia de capas de nieve. Con base en estas variables se generó una superficie multicosto. Para ello se utilizó un mde de 30 metros de resolución, descargado del sitio web del Instituto Geográfico Nacional de Argentina, e imágenes satelitales Landsat 8 con una resolución de 30 metros, obtenidas entre enero y febrero de 2018, descargadas del sitio web de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de Argentina. A partir de las bandas espectrales derivadas de las imágenes Landsat 8 se calcularon índices espectrales para identificar diferentes cualidades del ambiente. Los índices se calcularon combinando las bandas 3 (green), 4 (red, r), 5 (Near Infrared, nir) y 6 (swir1). Se estimó el índice de vegetación ajustado al suelo (savi) mediante la fórmula:

 

SAVI=[(NIR – R) / (NIR + R + L )]*(1+L)

El índice diferencial de agua normalizado mediante la fórmula:

NDWI=(GREEN – NIR) / (GREEN +NIR)

Y el índice diferencial de nieve normalizado mediante la fórmula:

NDSI=(GREEN – SWIR1) / (GREEN + SWIR1)

 

Estos índices fueron calculados en la ya mencionada versión de QGIS. En seguida, utilizando una calculadora ráster, se combinaron con el mde para generar una superficie multicosto que representa las variables ambientales y topográficas del área. Por último, a partir de los puntos localizados y georreferenciados de San Carlos a Primeros Pinos, así como de la superficie de multicosto, se aplicó el algoritmo lcp en QGIS.

 

Resultados

La ubicación geográfica de los 25 lugares mencionados en la crónica del viaje de 1788 correspondientes al trayecto desde San Carlos hasta Primeros Pinos (punto más meridional identificado) se presenta en la figura 2. Entre cada una de estas localizaciones se grafican los tramos de caminos probablemente recorridos según cada criterio o superficie de costo (ver figura 4 y tabla 2). Las distancias totales obtenidas para los caminos basados en los puntos georreferenciados y los tres criterios muestran similitudes, de 641.3 km para las distancias mínimas, de 682.4 km para el mde, y de 678.5 km para el criterio de costo acumulado. Una comparación entre estos resultados muestra que las distancias transitadas en los distintos itinerarios reconstruidos se aproximan a aquella que se reporta en la crónica, de aproximadamente 728 km, considerando un valor de legua de 4.19 km (ver tabla 2).

 

Tabla 2. Localizaciones georreferenciadas y distancias entre los tramos recorridos.

Tramo recorrido

Día

Distancia mínima (km)

MDE (km)

Costo acumulado (km)

Distancia según la crónica (leguas)

1 legua =
4.19 km

1 legua =
5.2 km

San Carlos-Llaucha

1-2

38.7

41.5

41.5

14

58.66

72.8

Llaucha-A. Cortaderas

San Carlos

 

2-3

38

39.5

39.5

8

33.52

41.6

A. Cortaderas San Carlos-

A. de laFaja

3

12.6

13.5

13.5

5

20.94

26

A. de la Faja-A.Carrizalito

3-4

5.6

6.1

6.1

3

12.57

15.6

A. Carrizalito-Río Diamante

4

18.3

19.1

19

7

29.33

36.4

Río Diamante-Cerro de los Buitres

4

27

28

28

8

33.42

41.6

Cerro de los Buitres-Agua Caliente

4-5

17.7

18

18

6

25.14

31.2

Agua Caliente-Manantial del Atuel

5

5.5

5.9

5.9

3

12.57

15.6

Manantial del Atuel-A.Chacay

7-14

36.7

39.2

39.2

10

41.9

52

A. Chacay-Río Malalhue

14

17

17.9

17.9

6

25.4

31.2

Río Malalhue-Butaleuvu

14

37.1

40.3

40.3

7

29.33

36.4

Butaleuvu-Mechenquil

14

37.1

39.7

39.7

-

-

-

Mechenquil-Carpu Lauquen

14-16

51.7

54.4

52.4

-

-

-

Carpu Lauquen-Pichi Covuleuvu

16

26.5

28.7

27.8

6

25.14

31.2

Pichi Covuleuvu-Vuta Lauquen

16-17

10.6

12

11.1

10

41

52

Vutalauquen-Liuco

17-18

24.7

26.7

26.7

-

-

-

Liuco-Tricao Malal

18

19.4

20.9

20.9

12

50.28

62.4

Tricao Malal-Curí Leuvu

18

6.2

6.5

6.5

-

-

-

Curí Leuvu-Taquimilan

18-19

48.3

51.9

52

12

50.28

62.4

Taquimilan-Ranquilon

19

38.6

40.2

40.2

15

62.85

78

 Ranquilon-Michilongo

20-21

24.8

26.6

26.5

5

20.95

26

Michilongo-A. Moluchenco

22-23

2.4

2.5

2.4

8

33.52

41.6

A. Moluchenco-Quintuco

22-23

7.4

7.9

8

7

29.33

36.4

Quintuco-Los Primeros Pinos

24

89.4

95.4

95.4

22

92.18

114.4

Total

 

641.3

682.4

678.5

 

728.31

904.8

 

Fuente: Elaboración propia.

 

 

Figura 4. Representación de los caminos probablemente recorridos, reconstruidos a partir de los lugares mapeados y diferentes criterios para conectar los mismos: distancias mínimas (izquierda), caminos de menor costo estimados a partir del MDE (centro) y caminos de menor costo estimados a partir del costo acumulado (derecha). Fuente: elaboración propia.

 

En la figura 5 pueden observarse los perfiles de altitud generados para cada uno de los tres caminos reconstruidos para el viaje de comandante Esquivel Aldao. Los tres tienen perfiles similares, y las altitudes y pendientes medias también muestran similitudes: 1 585 m s. n. m. y 8° para el camino basado en el criterio de distancia mínima, 1 422 m s. n. m. y 6° para la reconstrucción con el mde, y 1 494 m s. n. m. y 6.49° para el camino de costo acumulado.

 

 

Figura 5. Perfiles de altitud para los tres caminos probablemente recorridos. Reconstrucciones basadas en los criterios de distancia mínima, MDE y costo acumulado. Fuente: elaboración propia.

 

En la figura 6 se presentan los lugares recorridos junto con la reconstrucción del camino probable (basado en el mde), y el camino modelado entre San Carlos y Primeros Pinos sobre la superficie multicosto utilizando variables ambientales. Las mayores diferencias entre ambos recorridos caen en el área comprendida entre el arroyo de la Faja y el manantial del Atuel en Mendoza y en lugares tales como Taquimilan, Carpu Lauquen y la laguna Vuta Lauquen en Neuquén (véase figura 6). Las diferencias estimadas entre ambos caminos en los lugares correspondientes al territorio de Neuquén varían entre 15 y 20 km. En la figura 7 se muestran los perfiles de altitud para ambos caminos. Se observa que el camino modelado entre San Carlos y Primeros Pinos se acerca bastante al reconstruido a partir de la crónica, lo cual sugiere que el camino realmente efectuado priorizaba lugares con buena disponibilidad de pastos, alta humedad y bajas altitudes.

 

 

Figura 6. Comparación del camino probablemente recorrido entre lugares visitados (camino MDE) y el camino modelado entre San Carlos y Primeros Pinos a partir de variables ambientales (camino multicosto). Fuente: elaboración propia.

 

 

Figura 7. Perfil de altitud del camino probablemente recorrido entre los lugares visitados (camino MDE) y el camino modelado entre San Carlos y Primeros Pinos a partir de variables ambientales (camino multicosto). Fuente: elaboración propia.

 

Discusión

Los análisis realizados en este trabajo muestran que la ruta de Esquivel Aldao sigue alternativamente tramos que concuerdan con el modelo regido por un criterio de multicosto ambiental y otros en los que se aparta del mismo (figura 6). A pesar de las patentes diferencias entre la ruta reconstruida a partir de la crónica y nuestro modelo, es posible afirmar que, en líneas generales, la ruta se planeó tomando en cuenta las variables ambientales. Esto sugiere que se intentó, sobre todo, minimizar el costo del viaje en términos de altitud, disponibilidad de agua, pasturas y cubierta nívea, lo cual coincide con la información que se desprende de la crónica. Nuestros resultados apoyan estudios previos que destacan la influencia de las características del paisaje sobre la ocupación del espacio y la movilidad humana en el norte neuquino.[44]

 

La ruta de Esquivel Aldao coincide en gran medida con los corredores de menor costo que D’Abramo y sus colaboradores estimaron para el norte de Neuquén utilizando información ambiental.[45] Estos autores distinguen dos corredores principales: uno a lo largo del valle del río Varvarco, con orientación noroeste y sudeste, cruzando la Cordillera del Viento e ingresando al norte del valle del río Curi Leuvú hasta la confluencia con el río Neuquén y continuando hacia el sur de manera paralela al valle del Neuquén; y otro que inicia en la cuenca del río Nahueve en el norte y continúa por la cuenca del río Agrio hacia el sur.[46] Ambos constituyen rutas óptimas para transitar durante los meses de verano, cuando tuvo lugar el viaje de Esquivel Aldao.[47] El camino que éste siguió pasa en un tramo por la cuenca del Curi Leuvú, cruza mesetas altas y continúa más al sur por la cuenca del Agrio, combinando ambos corredores.

 

Las características ambientales que minimizan el costo para el camino reconstruido entre San Carlos y Primeros Pinos se encuentran en altitudes de circa 1500 m s. n. m., fluctuando entre 1000 y 2000 m s. n. m. (figura 5).[48] Estas altitudes corresponden a la provincia fitogeográfica altoandina y la zona de transición con la provincia del monte en el territorio de Mendoza, mientras que en el territorio de Neuquén corresponden a la estepa patagónica y en menor medida a la provincia fitogeográfica altoandina.[49] En el territorio de la actual provincia del Neuquén el camino se encuentra cerca de las pasturas de veranada, ubicadas circa 2000 m s. n. m. (dependiendo de la latitud), las cuales han sido intensamente ocupadas por las poblaciones humanas durante la estación estival, tanto en el pasado como en el presente.[50] Trabajos recientes sugieren que los territorios localizados entre los 1500 y 2000 m s. n. m. presentan características más favorables para ser ocupados de manera anual, ya sea por sus condiciones climáticas y de vegetación, o por su cercanía a los campos de veranada.[51] Por lo tanto, el camino reconstruido representa una combinación óptima de variables ambientales que habrían sido significativas para garantizar el éxito del viaje.

 

Las fuentes documentales también pueden revelar información acerca de los factores ambientales que influirían en la selección de las rutas a partir del análisis de los topónimos, ya que en muchos casos señalan características particulares de los lugares que fueron transitados y habitados por grupos humanos específicos.[52] Entre los topónimos mencionados por Esquivel Aldao en su diario, muchos en mapuzungun, se encontraron varios que refieren a características ambientales tales como la presencia de cuerpos de agua. Entre éstos se pueden mencionar, por ejemplo, Taquimilan, traducido en ocasiones como “la buena abra” o “la buena costa”; Caripulauquen, “dos lagunas verdes”, y Vuta Lauquen, “laguna grande” o “lago grande”. En el contexto de una campaña militar que se desarrolla en zonas áridas y semiáridas de montaña era menester abastecerse de abundante agua que cubriera las necesidades de hombres y animales; por lo tanto, éste era un factor crítico en la elección de la ruta.

 

Si bien nuestros resultados sugieren que las características ambientales de la región influyeron sobre la elección del camino, también es necesario tener en cuenta que la columna cruzó espacios con población indígena durante un momento de conflicto entre distintas parcialidades. Debido a ello, el viaje de Aldao también hubo de considerar lo que Florencia Roulet[53] denomina “protocolos de tierra adentro”, es decir, una serie de etiquetas diplomáticas que los viajeros debían cumplir antes, durante y con posterioridad al ingreso en territorios indígenas, lo cual podría explicar ciertos desvíos con respecto a la expectativa ambiental. Por ejemplo, era imperativo que los indígenas recibieran a los aliados recién llegados a sus tolderías con un performance ritual que emulaba un enfrentamiento entre ambos grupos.[54] En el viaje estudiado aquí, los lonko de Lauquén, Butaulauquen y Taquimilan recibieron a la columna de Esquivel Aldao y Pichintur con un ritual semejante y luego realizaron una celebración. Además, se ha identificado que en varias de las localizaciones por donde pasó la columna se asentaban tolderías a fines del siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XIX, como Malargüe, Cari Lauquen y Tricao Malal.[55] Por lo tanto, el viaje pudo haber seguido caminos de menor costo ambiental para la circulación humana y animal que al mismo tiempo garantizaban el encuentro con lonko, capitanejos y chasques. Esto, a su vez, parece indicar que ciertas características sociales del paisaje regional, como la ubicación de los lugares de asentamiento humano, se asocian a factores ambientales particulares.[56]

 

Por otro lado, la campaña contra los huilliches requirió de la mutua ayuda entre los cristianos de Mendoza y los pehuenches. Mientras que los primeros aportaron soldados pertrechados a la usanza colonial, los segundos, además de hombres y lanzas, sumaron sus conocimientos del terreno y brindaron espacios seguros para reaprovisionarse de alimentos, caballos y pastura (sus tolderías). Esta colaboración implicó la puesta en juego de las alianzas entre ambas partes.

 

En resumen, el diseño de investigación desarrollado, que integra datos sobre vías de circulación obtenidos a partir de registros históricos con datos ambientales generados mediante imágenes satelitales y análisis sig, aporta un método novedoso en el estudio de los factores que determinaron el movimiento de los grupos humanos en el norte de Neuquén en el pasado. En particular, la posibilidad de mapear una vía de circulación espacialmente definida por sus puntos extremos e intermedios en un paisaje ambientalmente singular descrito en gran detalle, de extensión determinada y que fue recorrido por un grupo de personas en un lapso temporal conocido, permitió estimar el trazado del camino transitado con un alto nivel de confianza. Trabajos futuros que analicen distintas crónicas de viaje que dan cuenta de otras vías de circulación en Neuquén, ya sea en dirección norte-sur o este-oeste,[57] contribuirán a comprender las estrategias de movilidad y uso del espacio de las poblaciones humanas del pasado.[58]

 

* Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.
** Museo Provincial Gregorio Álvarez, Ciudad del Neuquén.
*** Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata; Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Conicet.
**** Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidada Nacional de La Plata; Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Conicet.  
[1] Este trabajo fue financiado con subsidios otorgados por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP-PI N792) y el Conicet (PIP 729 y 2974).
[2] T. Earle, “Paths and roads in evolutionary perspective”, en C. D. Trombold (ed.), Ancient road networks and settlement hierarchies in the New World, Cambridge, Cambridge University Press, 1991, pp. 10-16; J. E. Snead, C. L. Erickson y J. A. Darling, “Making the human space: The archaeology of trails, paths and roads”, en J. E. Snead et al. (eds.), Landscapes of movement: Trails, paths, and roads in anthropological perspective, Pensilvania, University of Pennsylvania Press, 2009, pp. 1-19.
[3] T. Earle, “Routes through the landscape: A comparative approach”, en J. E. Snead et al. (eds.), Landscapes of movement: Trails, paths, and roads in anthropological perspective, Pensilvania, University of Pennsylvania Press, 2009, pp. 253-270.
[4] J. Leary, Past mobilities: Archaeological approaches to movement and mobility, Ashgate Publishing, 2014; L. Nuninger et al., “Linking theories, past practices, and archaeological remains of movement through ontological reasoning”, Information, vol. 11, núm. 6, 2020, p. 338.
[5] V. Huiliñir-Curío, “Los senderos pehuenches en Alto Biobío (Chile): articulación espacial, movilidad y territorialidad”, Revista de Geografía Norte Grande, núm. 62, 2015, pp. 47-66; “De senderos a paisajes: paisajes de las movilidades de una comunidad mapuche en los Andes del sur de Chile”, Chungará, vol. 50, núm. 3, 2018, pp. 487-499.
[6] M. Bell, Making one’s way in the world: The footprints and trackways of prehistoric people, Oxford, Oxbow Books, 2020; M. Bell, y J. Leary, “Pathways to past ways: A positive approach to routeways and mobility”, Antiquity, núm. 94, 2020, pp. 1349-1359; Earle, “Routes...”, op. cit.
[7] W. Melo et al., “La ruta del cacique Llampilanguen (1804): la reconstrucción geográfica de un camino histórico”, Boletín Geográfico, núm. 38, 2016, pp. 131-148.
[8] R. Barberena et al., “Bioavailable strontium in the Southern Andes (Argentina and Chile): A Tool for tracking human and animal movement”, Environmental Archaeology, núm. 26, 2021, pp. 323-335; V. Bernal et al., “La estructura espacial del registro bioarqueológico de la provincia del Neuquén durante el Holoceno”, F. Gordón, R. Barberena y V. Bernal (eds.), El poblamiento humano del norte del Neuquén: estado actual del conocimiento y perspectivas, Buenos Aires, Aspha Ediciones, 2020, pp. 123-144; S. L. D’Abramo et al., “Summer camps location and distribution of archaeological sites in North Neuquén (Northwest Patagonia)”, Environmental Archaeology, vol. 29, núm. 4, 2021, pp. 281-294; S. L. D’Abramo et al., “Modelling the routes of seasonal transhumance movement in North Neuquén (Patagonia)”, Human Ecology, vol. 49. núm. 4, 2021, pp. 415-428; M. V. Fernández et al., “Obsidian geochemistry, geoarchaeology, and lithic technology in Northwestern Patagonia (Argentina)”, Journal of Archaeological Science: Reports, núm. 13, 2017, pp. 372-381; D. D. Rindel et al., “Sources of obsidian artefacts, exchange networks and landscape use in Auca Mahuida (Neuquén, Northwestern Patagonia)”, Archaeometry, núm. 62, 2020, pp. 1-21.
[9] Barberena et al., op. cit.; Bernal et al., op. cit.; G. Romero Villanueva, “Biogeografía humana y circulación de información en el norte de Neuquén. Un análisis arqueológico sobre la comunicación visual en grupos cazadores-recolectores del noroeste de Patagonia”, Arqueología, vol. 26, núm. 2, 2020, pp. 215-218.
[10] R. Barberena et al., “Deconstructing a complex obsidian ‘source-scape’: A geoarchaeological and geochemical approach in Northwestern Patagonia”, Geoarchaeology, núm. 34, 2019, pp. 30-41; Barberena et al., “Bioavailable strontium...”; V. Bernal et al., “Mobility of human populations in the Curi Leuvu Basin, Northwest Patagonia, during the Holocene: An approach based on the spatial distribution of oxygen isotopes”, Journal of Archaeological Science: Reports, núm. 34, 2011, pp. 1026-1036; Bernal et al., “La estructura...”; Fernández et al., op. cit.; Rindel et al., op. cit.; Romero Villanueva, op. cit.
[11] R. Barberena, “Biogeografía, competencia y demarcación simbólica del espacio: modelo arqueológico para el norte de Neuquén”, Intersecciones en Antropología, núm. 14, 2013, pp. 367-381; D’Abramo et al., “Summer camps...”; D’Abramo et al., “Modelling the Routes...”.
[12] Idem; D’Abramo et al., “Summer camps...”.
[13] G. Álvarez, Neuquén. Historia, geografía y toponimia, vol. 1, Buenos Aires, Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, 1972; C. Curruhuinca y L. Roux, Las matanzas del Neuquén: crónicas mapuches, Buenos Aires, Plus Ultra, 1987; F. Roulet, Huincas en tierra de indios. Mediaciones e identidades en los relatos de viajeros tardocoloniales, Buenos Aires, Eudeba, 2016; J. Schobinger, “Conquistadores, misioneros y exploradores en el Neuquén. Antecedentes para el conocimiento etnográfico del noroeste patagónico”, RUNA. Archivo para las Ciencias del Hombre, vol. 9, núms. 1-2, 1959, pp. 107-123; G. Varela et al., Los hijos de la tierra, San Martín de los Andes, Municipalidad de San Martín de los Andes, Dirección de Cultura, 1998; M. R. Vilariño, “Las máscaras de los ‘montañeses’. Construcción territorial, política e identitaria de las parcialidades pehuenches de Mendoza y el norte neuquino (1810-1833)”, tesis de licenciatura, Universidad de Buenos Aires-Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 2020.
[14] A. M. Biset y G. Varela, “El sitio arqueológico del Caepe Malal. Una contribución para el conocimiento de las sociedades indígenas del noroeste neuquino en el siglo XVIII”, M. T. Boschín (comp.), Cuadernos de investigación. Arqueología y etnohistoria de la Patagonia septentrional, Tandil, EHS, 1991, pp. 36-48; R. Goñi y A. Nuevo Delaunay, “La arqueología como ‘fuente’ de la historia”, M. Salemme et al. (eds.), Arqueología de Patagonia. Una mirada desde el último confín, Ushuaia, Utopías, 2009, pp. 149-158.
[15] En este trabajo utilizamos el término ejército para referirnos a las fuerzas armadas coloniales, conservando el uso de la crónica. Por otro lado, para referirnos a los hispano-criollos de Mendoza utilizaremos indistintamente los términos hispano-criollo y cristiano. Este último es utilizado en la crónica para referirse a los españoles tanto de Chile como de Mendoza a fin de diferenciarlos de los indígenas.
[16] Cabe aclarar que la ley que le otorga el rango de provincia a Neuquén fue sancionada en 1955. En el periodo que trabajamos, siglo XVIII, estos territorios eran independientes del control hispano-criollo, pertenecían a diferentes parcialidades indígenas y aparecen comúnmente mencionados en los documentos históricos como “tierra adentro”.
[17] S. Sampeck et al., “Geographic information system modeling of De Soto’s route from Joara to Chiaha: Archaeology and anthropology of southeastern road networks in the Sixteenth Century”, American Antiquity, vol. 80, núm. 1, 20217, pp. 46-66; J. B. Thayn et al., “Refining Hernando de Soto's route using electric circuit theory and circuitscape”, The Professional Geographer, vol. 68, núm. 4, pp. 595-602.
[18] Estos lugares pueden aparecer mencionados de distintas maneras en las fuentes documentales. Varvarco también ha sido denominado Barbarco o Malbarco. Tricao Malal se encuentra como Tricau Malal, Trecaomala o Trecao Malal.
[19] J. Fernández, Viaje desde Linares a las nacientes de los ríos Barrancas, Neuquén y Varvarco, por tierras de indios, efectuado en 1804 por el Capitán José Barros, Neuquén, Archivo Histórico Provincial, 1982; Roulet, op. cit.; Vilariño, op. cit.
[20] J. M. Zavala Cepeda, Los mapuches del siglo XVIII: dinámica interétnica y estrategias de resistencia, Temuco, Universidad Católica de Temuco, 2008.
[21] D. Villar y J. F. Jiménez, “Botín, materialización ideológica y guerra en las Pampas, durante la segunda mitad del siglo XVIII. El caso de Llanketruz”, Revista de Indias, núm. 60, 2000, pp. 687-707.
[22] Idem.
[23] L. Fernández y Y. García, “Conflictividad intraétnica en la frontera de Mendoza hacia fines del siglo XVIII: la pugna entre Millanguir y Rayguan”, Tefros, vol. 16, núm. 2, 2018, pp. 189-204; L. León, Los señores de la cordillera y las pampas: los pehuenches de Malalhue, 1770-1800, Mendoza, Universidad de Congreso, 2001; Roulet, op. cit.; Villar y Jiménez, op. cit.
[24] Idem; León, op. cit.
[25] F. Roulet, “De cautivos a aliados: los ‘indios fronterizos’ de Mendoza (1780-1806)”, Xama, núm. 12, 1999-2001, pp. 199-239; Villar y Jiménez, op. cit.
[26] León, op. cit.; Roulet, “De cautivos...”, op. cit.
[27] F. Esquivel Aldao, “Relación diaria de la expedición que de orden del señor Marqués de Sobremonte...”, Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, núm. 8, 1931 [1788], pp. 318-337; León, op. cit.; Roulet, “De cautivos...”, op. cit.; Huincas..., op. cit.; Villar y Jiménez, op. cit.
[28] Esquivel Aldao, op. cit.
[29] Álvarez, op. cit.
[30] Esquivel Aldao, op. cit., p. 319. En el diario no se detallan las características del armamento utilizado en el viaje, pero se puede suponer que la expedición llevaba artillería liviana, debido a que las fuerzas hispano-criollas asentadas en la frontera solían auxiliar con este tipo de piezas a sus aliados pehuenches. D. Villar y J. F. Jiménez, “El continuo trato con infieles: los renegados de la región pampeana centro-oriental durante el último tercio del siglo XVIII”, Memoria Americana, núm. 13, 2005, pp. 151-178. Según Juan Beverina, la artillería colonial se constituía de obuses, morteros, pedreros y cañones. Estos últimos podían ser de bronce o de hierro, siendo los primeros los más utilizados, y disparaban proyectiles de entre 32 y cuatro libras. Por otro lado, siguiendo lo planteado por Beverina, los fusiles, al igual que otras armas portátiles de la época, eran de hierro fundido, de chispa, con ánima lisa y de avancarga, y sus municiones eran esferas de plomo. La longitud de estas armas oscilaba entre 1.39 y 1.47 metros y tenían un peso aproximado de cuatro kilos. Véase J. Beverina, El Virreinato de las provincias del Río de la Plata. Su organización militar, Buenos Aires, Círculo Militar, 1992.
[31] Esquivel Aldao, op. cit., p. 321.
[32] Ibidem, p. 322.
[33] M. R. Vilariño, “Reactualizando alianzas al pie de la cordillera de los Andes: el parlamento de 1816 entre pehuenches y patriotas”, Memoria Americana, vol. 28, núm. 1, 2020, pp. 74-91.
[34] Esquivel Aldao, op. cit., p. 322.
[35] También participaron del lado de los huilliches Guichapan, Guñenutal, Quichudeo, Picelan y Antepuenta. Éstos fueron asesinados durante los enfrentamientos contra las fuerzas aliadas entre pehuenches y mendocinos. Esquivel Aldao, op. cit.; Meinrado Hux, Caciques y capitanejos de la llanura del Plata, manuscrito, 2007.
[36] Álvarez, op. cit.
[37] Malal es traducido en ocasiones como “corral” o “fuerte”. Son formaciones rocosas que podían ser usadas como corrales para los animales, pero también como estructura defensiva. León, op. cit.; Villar y Jiménez, op. cit.
[38] Se pudo contabilizar aproximadamente 340 personas, a las cuales se les tenía que sumar una cautiva criolla que estaba en manos del lonko Butacollemilla. Además, se sumó a la retirada de la columna el lonko Calbuyllan con 60 huilliches. Este líder era pehuenche, pero se había rebelado contra su parcialidad y se había unido a los huilliches, casándose con dos mujeres de este grupo. Su hermano Antemil intervino ante los otros lonko pehuenches para que su hermano se pudiera unir a la columna militar. Esquivel Aldao, op. cit.
[39] C. Yu et al., “Extensions to Least Cost Path Algorithms for Roadway Planning”, International Journal of Geographical Information Science, vol. 17, núm. 4, 2003, pp. 361-376.
[40] El punto en cuestión no pudo ser localizado, pero se encontraron datos que dan una idea aproximada de su ubicación. En la versión de Esquivel Aldao (op. cit.), se lo llama Bucapuly, mientras que Álvarez (op. cit.), escribe Rucapulli. Indagando en éstas y otras posibles variantes, encontramos que existe un lugar llamado Ruka Pulli en la región de Pucón (Chile), próximo a Aluminé. Por otro lado, Meinrado Hux (op. cit.), al recordar un ataque perpetrado por indígenas de Valdivia a los lonko pehuenches Coliñé y Manquepan en 1794, menciona un “Ruca Paly” en las cercanías del volcán Llaima. Es plausible, tanto por los involucrados como por la región, que dicho lugar sea el Rucapulli al que Esquivel Aldao se refiere en su diario.
[41] Yu et al., op. cit.
[42] Waldo R. Tobler, “A Computer Movie Simulating Urban Growth in the Detroit Region”, Economic Geography, vol. 46, núm. 4, Taylor & Francis, Ltd., 1970, pp. 234-240.
[43] D’Abramo et al., “Modelling the Routes...”, op. cit.
[44] Véase R. Barberena et al., “Scale of human mobility in the southern Andes (Argentina and Chile): A new framework based on strontium isotopes”, American Journal of Physical Anthropology, vol. 164, núm. 2, 2017; D’Abramo et al., “Modelling the Routes...”, op. cit.
[45] D’Abramo et al., “Modelling the Routes...”, op. cit.
[46] Ibidem.
[47] Ibidem.
[48] D’Abramo et al., “Summer Camps...”, op. cit.
[49] Mariano Oyarzabal et al., “Unidades de vegetación de la Argentina”, Ecología Austral, vol. 28, núm. 1, 2018.
[50] R. Barberena et al., op. cit., 2017; Mónica Bendini y Norma Steimbreger, “Persistencia campesina en el norte de la Patagonia: Movilidades espaciales y cambios en la organización social del trabajo”, Cuadernos de Desarrollo Rural, vol. 8, núm. 66, 2011, pp. 125-151; D’Abramo et al., “Summer Camps...”, op. cit.; A. Hajduk y M. Lezcano, “Entre invernadas y veranadas:prospecciones arqueológicas en la cuenca superior del río Curi Leuvú (norte neuquino)”, Actas del XVI Congreso Nacional de Arqueología Argentina, vol. III, 2007, pp. 401-407.
[51] D’Abramo et al., “Summer Camps...”, op. cit.
[52] G. Heider y R. P. Curtoni, “Chew Upültripalen Gualicho. Un análisis inicial de la cosmovisión Rankülche y su relación con el registro arqueológico de la Pampa Central”, Tefros, núm. 17, 2019, pp. 73-96; Fernández, 2011, op. cit.; C. Lois, “Mare Occidentale. La aventura de imaginar el Atlántico en los mapas del siglo XVI”, Terra Brasilis. Revista da Rede Brasileira de História da Geografia e Geografia Histórica, priemra serie, núms. 7-9, 2010, pp. 1-19; C. Lois, “Paisajes toponímicos. La potencia visual de los topónimos y el imaginario geográfico sobre la Patagonia en la segunda mitad del siglo XIX”, en F. R. de Oliveira y H. Mendoza Vargas (coords.), Mapas de Metade do Mundo, a cartografia e a construção territorial dos espaços americanos, séculos XVI a XIX / Mapas de la Mitad del Mundo, la cartografía y la construcción territorial de los espacios americanos, siglos XVI al XIX, Lisboa, Universidade de Lisboa e Instituto de Geografía-Centro de Estudos Geográficos, 2010, pp. 317-342; P. Riesco Chueca, “Nombres en el paisaje: la toponimia, fuente de conocimiento y aprecio del territorio”, Cuadernos Geográficos, núm. 46, 2010, pp. 7-34. A pesar de que los topónimos habilitan la exploración de aspectos teóricos y metodológicos, también la dificultan cuando no hay consenso respecto al significado del nombre o cuando los usos del espacio trascienden el sentido literal de los nombres. Además, en muchas ocasiones los topónimos mencionados sufren variaciones difíciles de rastrear en las fuentes documentales. En el caso de una campaña militar a “tierra adentro”, es esperable que el nombre de muchos lugares se mencione en mapuzungun a raíz de que para aquella época eran territorios indígenas autónomos de los hispano-criollos. No obstante, a nivel metodológico nos sirvieron para poder orientar la búsqueda y tratar de precisar por dónde transitó la expedición. Lo mismo aplica a los cambios físicos del lugar; no necesariamente se trasladan a los nombres. Por otra parte, se debe contemplar la posibilidad de que el otorgar un nombre a un lugar no siempre obedece a características físicas. Puede responder a aspectos sociales, religiosos o filosóficos. Finalmente, en ocasiones existen lugares nombrados de la misma forma en regiones próximas, lo cual pone en duda la idea de las caracterizaciones individuales del espacio.
[53] Roulet, Huincas..., op. cit.
[54] G. Musters, Vida entre los patagones, Buenos Aires, Ediciones Continente, 2007 [1871]; Roulet, Huincas..., op. cit.; Vilariño, “Reactualizando alianzas...”, op. cit.
[55] Vilariño, Las máscaras..., op. cit.
[56] D’Abramo et al., “Summer Camps...”, op. cit.
[57] Álvarez, op. cit.
[58] Los autores queremos agradecer a Isidro Belver, Rodrigo Tarruella y Mariano Nagy por compartir datos, cartografía y textos que enriquecieron el trabajo; y a Paula González y Sebastián Molina por la lectura de versiones preliminares de este texto.