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Entre un mapa colonial y el patrimonio en el Estatuto de Gobierno

ENVIADO POR EL EDITOR EL Martes, 09/06/2026 - 11:37:00 AM

Claudia Alvarez Pérez*

 

Resumen

Un encargo que hace una comunidad a una historiadora: la búsqueda de un mapa colonial de San Andrés Totoltepec, Tlalpan, como recurso legal en la lucha por el territorio por parte de los comuneros, encomienda que pone a la autora de este artículo ante dos desafíos: la búsqueda en sí de dicho mapa y la crítica de fuente que éste desencadena. El artículo desarrolla esta reflexión sobre un mapa del siglo XVI como memoria viva y expone sus distintos sentidos. Esto se trabajó aunado a una serie de entrevistas de historia oral, con los comuneros de mayor edad, bajo las preguntas generales: ¿desde cuándo recordaban ser comuneros?, ¿cómo les fue transmitido el conocimiento del territorio?, ¿cuáles eran los usos que le daban a la tierra?, ¿qué significados le asignaban a la tierra? Al explicar el contexto histórico de las luchas por el territorio en dicha demarcación se da sustento a la conformación del Estatuto de Gobierno del Pueblo Indígena Originario de San Andrés Totoltepec, Tlalpan, en 2018, en donde la autora colaboró para el apartado de cultura, labor para la cual echó mano de la historia oral y la memoria para, desde la comunidad, comprender nociones en torno del patrimonio cultural. Cabe mencionar que este proceso atraviesa personalmente a la autora, dándole un matiz especial a su reflexión acerca de la experiencia y la autoetnografía.

Palabras clave: fuentes históricas, territorio, pueblos originarios, función social de la historia.

 

Abstract

A community commissioned a historian to search for a colonial map of San Andrés Totoltepec, Tlalpan, as a legal resource in the communal landowners' struggle for their territory. This assignment presented the author of this article with two challenges: the search itself, and the source criticism it triggered. The article explores this reflection on a 16th-century map as a living memory and examines its various meanings. This work was combined with a series of oral history interviews with the oldest members of the community, based on the following general questions: When did they first become members of the community? How was knowledge of the territory passed down to them? What uses did they make of the land? What meanings did they attribute to the land? In explaining the historical context of the struggles for territory in this area, she provides the basis for the drafting of the Statute of Government of the Indigenous People of San Andrés Totoltepec, Tlalpan, in 2018, where the author collaborated on the section on culture. For this work, she drew on oral history and collective memory to understand notions of cultural heritage from the community's perspective. It is worth mentioning that this process is personally relevant to the author, giving a special nuance to her reflection on experience and autoethnography.

Keywords: historical sources, territory, native peoples, social function of history.

 

Este breve texto es una reflexión en torno a las rutas que he caminado en la investigación desde la antropología y la historia y la transición de una disciplina a otra, lo que definitivamente ha moldeado la forma en la que miro y he planeado mi trabajo a lo largo de más de veinte años. Aunque en esta ocasión hablaré solamente de dos proyectos que la comunidad de San Andrés Totoltepec, en Tlalpan, me asignó: buscar un mapa colonial, en 2008, y colaborar en la elaboración del apartado de cultura del Estatuto de Gobierno, en 2018; dos momentos en el tiempo que implicaron revisar de alguna manera mi experiencia en el caminar con las fuentes.

 

Buscando el origen

A lo largo del siglo XX, los comuneros de Totoltepec han llevado a cabo una búsqueda incansable de documentos en el Archivo General de la Nación (AGN). En 1926 realizan la solicitud de reconocimiento de tierras y descubren que a los habitantes del territorio que habitan se les llamaba naturales, por lo cual deciden nombrarse a sí mismos Bienes Comunales de los Naturales de San Andrés Totoltepec. Desde entonces, este grupo no ha dejado de investigar sobre su origen, su raíz e identidad. En el año 2008, el representante de Bienes Comunales, don Zeferino Benítez, se enteró de que me encontraba estudiando Historia, me mandó llamar y, desplegando ante mí un mapa en blanco y negro, me dijo: “Quiero que busques el mapa a color, porque está a color; y estás estudiando Historia y debes saber”. Según me explicó, su grupo preparaba un nuevo recurso legal para seguir la lucha por el territorio. Más de cien años lleva la comunidad en la búsqueda de reconocimiento, pues hasta ahora Totoltepec es una comunidad sólo de hecho.

 

Acudimos al AGN con el entonces suplente del presidente del comisariado, Maximiliano Álvarez Pantoja, con una carta de solicitud firmada por don Zeferino y nos dimos a la tarea de buscar en la mapoteca que, afortunadamente, ya había iniciado el proceso de digitalización, porque sin la referencia de archivo la búsqueda en los papeles nos hubiera tomado muchísimo tiempo. La tarea se completó de manera efectiva gracias principalmente a la carta, pues parte de las reglas internas del archivo es dar prioridad a los representantes de los pueblos. El mapa en color apareció dentro del fondo Hospital de Jesús, doblado, pese a lo cual tiene un alto grado de conservación. Gracias a mis incipientes conocimientos de paleografía pude comprobar que se encontraba escrito en lengua náhuatl, y aunque yo no lo hablaba, recordé que don Zeferino sí, y lo importante que eran para él las referencias al cerro de Totoltepec, el Xitle, el Hueytépetl y (lo más importante) el barrio de Totoltepec, que pertenecía a San Agustín de las Cuevas, además de la fecha de realización del mapa: 1532.[1]

 

 
Detalle del título primordial de San Agustín de las Cuevas. AGN, ramo Tierras, volumen 2004, exp. 1, cuaderno 4, foja 40; y ramo Hospital de Jesús, legajo 49, exp. 9. Fotografía de la autora.

 

El mapa contiene muchos detalles de los barrios sujetos a la jurisdicción de San Agustín de las Cuevas: La Asunción, San Pedro Mártir, San Andrés Totoltepec, La Magdalena y Axusco; y de otros más. Aparecen el marqués del Valle y Malitzin, así como otros indios principales, y referencias de paisaje como cerros, árboles y algunas aves, así como los caminos (marcados con huellas de pies) y, alrededor, sobre las montañas, los habitantes con arcos y flechas.

 

La encomienda resultó una experiencia sustantiva de enfrentarse a una fuente; me surgieron muchas preguntas sobre el soporte material, las tintas y, sobre todo, el objetivo de quienes pintaron dicho mapa; pero lo más importante es cómo éste retoma una fuerza vital para los comuneros de Totoltepec que hoy lo consideran parte de su patrimonio, la filiación que construyen a través de él con su pasado, su historia, lo que lo vuelve una memoria viva, cómo representa en el tiempo presente los motivos de lucha por el reconocimiento de su territorio y sus saberes.

 

En ese momento, yo me encontraba en la transición de la maestría al doctorado e investigaba otra comunidad de la región. Además de buscar el mapa, me solicitaron entrevistar a los comuneros de mayor edad, cuyos testimonios se utilizarían como parte de la estrategia legal. Entre todos diseñamos un guion de entrevista con cuatro elementos: ¿desde cuándo recordaban ser comuneros?, ¿cómo les fue transmitido el conocimiento del territorio?, ¿cuáles eran los usos que le daban a la tierra?, ¿qué significados le asignaban a ella? Preguntas tan generales sólo debían ser el punto de partida para hablar de sus experiencias, la trasmisión de saberes, las relaciones de parentesco, los conflictos, la familia, las alianzas… De esta manera, la comunidad me hizo tomar la decisión de replantear mi proyecto de investigación y enfocarme en los usos modernos de la historia entre los totoltepecanos.

 

La tarea designada por los comuneros marcó mi camino: la confrontación de fuentes en el Archivo General Agrario y el AGN, la construcción de entrevistas, pero sobre todo me hizo reflexionar acerca de la función social de lo que se investiga, los sentidos del para qué, de manera que mi tesis de titulación fue sobre mi trabajo en la comunidad.[2]

 

La defensa del territorio

En 2016, los vecinos originarios de Totoltepec decidieron cambiar la figura del subdelegado, quien era el representante del pueblo desde 1928, para conformar el Concejo de Gobierno con la intención de rescatar algunos espacios comunitarios que estaban en riesgo de privatizarse, además de prohibir establecimientos mercantiles, como un verificentro y la construcción de unidades habitacionales, que se estaban negociando sin consultar a la comunidad. Tal vez la decisión más importante fue sacar a los partidos políticos de las decisiones del pueblo.

 

El Concejo de Gobierno estaba integrado por las diferentes autoridades: comuneros, ejidatarios, mayordomos y organizaciones que han trabajado en el pueblo sin fines de lucro; es decir, una autoridad horizontal con muchos objetivos por cumplir. Uno de ellos fue la creación de un estatuto de gobierno que asentara de manera escrita los sistemas normativos internos para plantear de manera general los derechos y obligaciones mínimos de convivencia y las reglas de defensa y protección del territorio.

 

La pandemia de covid-19 pausó el proyecto hasta 2021, pero aún con el miedo al contagio se decidió retomarlo, pues muchos pobladores (especialmente los más ancianos) estaban muriendo, con lo cual se estaban perdiendo saberes. El Concejo de Gobierno organizó un plan con mesas de trabajo acompañadas por dos abogados proporcionados por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Para coordinarlas fuimos llamados varios vecinos y a mí me asignaron al apartado de cultura.

 


Portada del Estatuto de gobierno elaborado por los propios habitantes de Totoltepec. Publicado en línea en diciembre de 2021, disponible en: https://concejogobcomsat.mx/pdf/estatuto%20de%20gobierno%20del%20pueblo%20ind%c3%8dgena%20originario-%20de%20san%20andr%c3%89s%20totoltepec%20tlalpan%20cdmx.pdf.

 

Mi preocupación más importante era no imponer mi visión del patrimonio sino construir un diálogo, pues al haberme formado dentro de una institución cuyo objetivo principal es el cuidado de monumentos históricos, zonas arqueológicas, registros de atlas etnográficos, y la investigación de la cultura en los diversos territorios del país, obviamente tengo una formación de pensamiento a partir de la cual podría decir sólo mi punto de vista, más o menos cercano al oficialista. Así, lo primero que hicimos fue invitar a vecinas y vecinos a participar en la mesa de trabajo virtual, para ser entrevistados y que ellos a su vez entrevistaran a sus familiares. Los resultados se presentaban todos los domingos con los coordinadores. Más complejo fue traducir nuestra actividad al contexto legal en el que se planeó el Estatuto, pero se logró.

 

La experiencia fue muy fructífera, y el compromiso de las señoras mayores, excepcional, sobre todo tomando en cuenta el contexto de pandemia. Sus conversaciones activaron los recuerdos de otras personas sobre asuntos de la vida cotidiana, los alimentos, olores, sabores, las plantas medicinales, las formas de curación, la descripción del territorio, el paisaje y las emociones. En sus palabras se podía identificar los espacios comunitarios, la parroquia, el panteón, las áreas deportivas, el salón de actos, la sede de gobierno, y también los documentos antiguos y los lugares por recuperar que habían sido arrebatados por funcionarios en otros tiempos.

 

La creación de las entrevistas fue un diálogo que me llevó al encuentro conmigo misma, porque de algún modo era hablar de nuestros bisabuelos, abuelos y padres. La construcción de entrevistas como fuentes es un proceso enriquecedor que nos permite ser interpelados incluso con mayor profundidad si formamos parte de la comunidad de habla (como diría Leach),[3] porque compartimos los sentidos y significados semánticos de esa cultura.

 

De esos trabajos surgieron muchos más que quedaron pendientes: un recetario para recuperar algunos alimentos que ya casi no se cocinan, un herbolario medicinal, relatos sobre mayordomías, comparsas y un sinnúmero de tareas que en el Estatuto... sólo se podía mencionar superficialmente, porque incluir toda la información recabada volvería demasiado extenso el documento y ése no era el objetivo. Sería pertinente decir que tuve oportunidad de registrar esta experiencia en un breve artículo publicado en el libro Pensar la memoria desde la etnografía,[4] donde reviso la construcción, planeación y desarrollo de la entrevista como fuente, y mi propia circunstancia en tanto parte de la comunidad y practicante de la antropología de la experiencia y la autoetnografía.

 

Dicha reflexión me llevó a saber cuál es la importancia de lo que uno hace y para qué sirve lo que se investiga, cómo acercarse a las fuentes: las entrevistas, la etnografía, los archivos, el trabajo de campo, el trabajo con las comunidades; cómo dejar de ver informantes y entender a las personas, grupos y colectivos con los que uno se relaciona, tener una postura, cuál es la función social de la historia y la antropología.

 

Conclusión

Reflexionar sobre las fuentes es revisar al mismo tiempo los procesos metodológicos que adoptamos como rutas de la investigación. Considero que, al trabajar el complejo espacio en el que uno vive, no deben ocultarse o negarse las subjetividades, sino comprenderse y declarar el propio punto de vista.

 

Las encomiendas de Totoltepec me permitieron observar con profundidad la función social de la historia y la antropología, ejercer la autoetnografía y conocer la lucha de los pueblos por defender su territorio. Al saber cómo se construyó el concepto de pueblos originarios a partir —por lo menos— del año 2000, comprendo la necesidad de encontrar un mapa colonial y redactar un estatuto de gobierno.

 

Don Zeferino, a sus más de ochenta años, tenía que transmitir sus conocimientos: había estado enfermo y seguramente sintió que era su deber salvarlos del olvido. Antes de llamarme para buscar el mapa, él ya había realizado una caminata con otras personas de la comunidad para mostrarles los límites del territorio, entre las cuales iba mi padre, quien tenía cierto conocimiento previo, pues fue representante de los bienes ejidales entre 1997 y 2000. El mapa sólo era una parte en la bastante larga historia de búsqueda del origen y reconocimiento que protagoniza la comunidad. Por otro lado, terminar el Estatuto de gobierno fue una prioridad, pues constituye una herramienta invaluable para los procesos autonómicos de la comunidad, ahora más que nunca, cuando ésta enfrenta cambios de uso de suelo y planes de desarrollo urbano.

 

Ahora me queda también más claro por qué decidí moverme entre la antropología y la historia: para comprender mejor a aquellos otros, hombres y mujeres, sus experiencias, sus historias, sus memorias, pero, al mismo tiempo, comprender mi entorno y la realidad social de la que formo parte, el estar con los otros en un mismo tiempo.

 

* Dirección de Estudios Históricos, INAH.
[1]
Teresa Suárez Castro, El título primordial de San Agustín de las Cuevas, México, Raíz de Sol, 2017.
[2] Claudia Alvarez Pérez, “Los bienes comunales de San Andrés Totoltepec: las significaciones de la tierra a través de la memoria de los comuneros, siglo XX y XXI”, tesis de doctorado, ENAH / Conacyt, México, 2015.
[3] Edmund Leach, Cultura y comunicación. La lógica de la conexión de los símbolos, México, Siglo XXI, 1978.
[4] Claudia Álvarez Pérez, “Memorias y narrativas en tierra firme. La creación del Estatuto de gobierno de Totoltepec”, en Adriana Aguayo y María Ana Portal (coords.), Pensar la memoria desde la etnografía. Aproximaciones metodológicas, México, UAM / Juan Pablos, 2023.