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Memoria e identidad de los mercados públicos de la Ciudad de México. Los murales de “Marchante, un trueque con el arte”

ENVIADO POR EL EDITOR EL Martes, 09/06/2026 - 18:02:00 PM

Valeria Urbieta Palma*

Resumen

A partir del proyecto multidisciplinario Marchante, un trueque con el arte, el artículo explora los caminos del arte urbano contemporáneo, inspirado en el muralismo mexicano y sus resonancias en los mercados públicos de la Ciudad de México, con el Mercado Abelardo L. Rodríguez como caso paradigmático. La autora se detiene en tres mercados: el de Jamaica, el de San Pedro de los Pinos y el Ajusco Montserrat, “La Bola”. Con apoyo de fuentes documentales, visuales y hemerográficas, destaca la construcción y el uso de fuentes orales, obtenidas a partir de entrevistas de historia oral, tanto con artistas participantes en el proyecto como con comerciantes de dichos mercados, con la intención de acercarse a la memoria colectiva e identitaria de esos espacios. El diálogo y reflexión interdisciplinaria permiten conocer un asunto macro (las transformaciones urbanísticas relacionadas con el crecimiento y diversificación social de la población) desde lo micro (las historias y experiencias de los artistas de arte urbano y de los locatarios de los mercados, pero también los cambios evidenciados en la forma y el simbolismo de estos espacios).

Palabras clave: arte urbano, mercados públicos, memoria, identidad, muralismo.

 

Abstract

Based on the multidisciplinary project Marchante, a barter with art, this article explores the paths of contemporary urban art, inspired by Mexican Muralism and its resonances in the public markets of Mexico City, with the Abelardo L. Rodríguez Market as a paradigmatic case. The author focuses on three markets: Jamaica, San Pedro de los Pinos, and Ajusco Montserrat, “La Bola.” Supported by documentary, visual, and newspaper sources, the article highlights the construction and use of oral histories, obtained through oral history interviews with both artists participating in the project and vendors in these markets, with the intention of accessing the collective memory and identity of these spaces. This interdisciplinary dialogue and reflection allow for a macro perspective (urban transformations based on population growth and social diversification) on a micro perspective (the histories and experiences of urban artists and market vendors, as well as the changes evident in the form and symbolism of these spaces).

Keywords: Urban art, Public markets, memory, identity, muralism.

 

“Marchante, un trueque con el arte”, es un proyecto de street art que se llevó a cabo entre 2012 y 2013, en diez mercados públicos de la Ciudad de México; surgió inspirado en el programa mural del mercado Abelardo L. Rodríguez, y se propuso rescatar y representar la identidad de cada uno de los mercados participantes a través de la creación de murales de street art, graffiti y diseño digital, con el interés de reposicionarlos en el panorama de consumo, cada vez más dominado por supermercados y plazas comerciales en la ciudad.

 

Encabezado por la museógrafa Syrel Jiménez Lobato, el proyecto reunió a un equipo multidisciplinario encargado de desarrollar estudios de carácter histórico, sociológico y urbano que sirvieron de referencia para la ejecución de los murales. Para llevar a cabo el proyecto, el equipo de “Marchante...” invitó a distintos artistas plásticos y colectivos de street art para que intervinieran, por separado, los mercados participantes.[1] “Marchante...” concursó en los Proyectos de Inversión en la Producción de Pintura, Danza, Obras Literarias, Música y Distribución de Películas Cinematográficas Nacionales, en la categoría Producción de Pintura Nacional, financiados por el entonces Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA, ahora INBAL) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), obteniendo un presupuesto de 1 200 000 pesos. Además, contó con el apoyo de la Unidad Graffiti de la Secretaría de Seguridad Pública (hoy Secretaría de Seguridad Ciudadana) de la Ciudad de México (SSC-CDMX).

 

El presente artículo se desprende de una investigación previa, realizada para la tesis de licenciatura en Historia, cuyo principal objetivo fue estudiar la historia de “Marchante...” y, a partir de este proyecto, reflexionar en torno a la relación entre street art y espacio público.[2] Por su parte, este artículo tiene como propósito exponer, de manera breve, un aspecto de dicha investigación: aquella que se refiere a la historia, memoria e identidad de tres de los mercados intervenidos y su representación visual en los murales ejecutados en el marco de “Marchante...”.

 

Los mercados estudiados fueron: el mercado de Jamaica, el de San Pedro de los Pinos y el mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”, bajo la idea de que con los tres se conforma una muestra representativa del trabajo realizado por “Marchante...”. La investigación se apoyó en fuentes documentales, hemerográficas, orales y visuales. Por lo que respecta a los documentos consultados, estos son de dos tipos: primero, los resguardados en el Archivo Histórico de la Ciudad de México, los cuales contienen información relativa a la construcción de los mercados Jamaica y San Pedro de los Pinos y es, fundamentalmente, de carácter administrativo; mientras que para el mercado de “La Bola” no se localizó documentación sobre su construcción. Segundo, la documentación de “Marchante...” se obtuvo mediante dos solicitudes de acceso a la información pública a la Secretaría de Cultura, el INBA y la Secretaría de Seguridad Ciudadana, a través de la Plataforma Nacional de Transparencia del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), y que contiene toda la información sobre el desarrollo del proyecto, específicamente de los tres mercados estudiados.

 

Las fuentes orales, que se recabaron con base en la metodología de la historia oral, consisten en entrevistas grabadas a dos artistas (Carlos Cons y GOTHA de Colectivo Chiquitraca), y a siete comerciantes, de los cuales casi todos son segunda generación; es decir, hijos de comerciantes que se integraron a los mercados al momento de su inauguración.[3] Por tanto, las narraciones proporcionadas por los entrevistados abarcan tanto sus propios recuerdos como los que les fueron transmitidos por sus familiares.

 

La investigación oral en los mercados facilitó aproximarnos de manera cualitativa a la identidad y memoria de los mercados.[4] En este texto se entiende por identidad de los mercados aquellos rasgos que los caracterizan, los acontecimientos que los han trastocado y la concepción que sus habitantes tienen de ellos. Los testimonios se estudian como relatos de memoria que tienen lugar dentro de marcos sociales específicos, pues el recuerdo es construido por los grupos sociales que determinan qué y cómo se recuerda.[5] Así, la memoria colectiva se configura como el conjunto de relatos que reconstruyen el pasado en el presente y que se construye en función de los conflictos individuales y sociales contemporáneos a los sujetos.[6] Estas nociones permitieron analizar el nivel de representatividad de los mercados en los murales ejecutados por los artistas participantes en “Marchante...”.

 

Los mercados

Los mercados de Jamaica, San Pedro de los Pinos y “La Bola” fueron construidos en el marco de dos programas de urbanización y obras públicas en la Ciudad de México, emprendidos por el gobierno del Distrito Federal en las décadas de 1950 y 1970 y que tuvieron como principal objetivo solucionar las carencias de infraestructura urbana y de salubridad en las zonas periféricas de la ciudad; erradicar el comercio al aire libre y otorgar servicios básicos de índole social y educativo para elevar el nivel de vida de la población en general y de los comerciantes y sus familias en particular. Los mercados de Jamaica y San Pedro de los Pinos se inauguraron en 1957, durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), mientras que el mercado de “La Bola” abrió sus puertas en 1973, durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976).

 

Esos proyectos tuvieron como modelo al mercado Abelardo L. Rodríguez, construido entre 1933 y 1934, y el cual fue el primer mercado público en la Ciudad de México que incorporó servicios sociales a este tipo de edificios: posee un centro cívico, una guardería-escuela, una biblioteca y un teatro. Su construcción respondió a la necesidad de solventar la insuficiencia de infraestructura y de mercados públicos en la ciudad en 1933; por esta razón, el Abelardo L. Rodríguez debía ser un mercado funcional equipado con todos los adelantos de la época, controlar y sustituir el comercio en las vías públicas —el mercado se encuentra cerca de la plaza de Loreto, sede de mercados coloniales—, resolver los problemas de distribución en la zona y dar continuidad a la tradición educativa del inmueble.[7] Por ello, es posible sostener que existió una continuidad funcional y discursiva al momento de construir mercados públicos en las décadas posteriores.

 

La importancia de este mercado no termina ahí, pues fue el primero en albergar un conjunto de murales patrocinados por el Estado y que fueron pintados entre 1934-1935 por una generación de jóvenes muralistas alumnos de Diego Rivera. Originalmente, este programa mural tenía una función educativa, la cual se vio truncada por las posiciones políticas de los jóvenes artistas, derivadas de los planteamientos del Manifiesto del Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores (SOTPE), quienes terminaron por introducir escenas de crítica política e ideológica, representando distintos problemas sociales.[8]

 

La figura de Pedro Ramírez Vázquez es central, pues fue el arquitecto encargado de diseñar los múltiples mercados públicos que se construyeron en la Ciudad de México en los años cincuenta, entre ellos, los mercados de Jamaica y San Pedro de los Pinos. En éstos, Ramírez Vázquez colaboró con Rafael Mijares y Félix Candela, este último autor de la estructura de paraboloides hiperbólicos o “techumbre” que caracterizó al mercado de Jamaica hasta su destrucción en el sismo de 1985. Ramírez Vázquez también forma parte de la memoria de los comerciantes del mercado de “La Bola”, ya que aseguraron que él fue el responsable de su diseño, aunque carecemos de fuentes documentales que apoyen esta versión.

 

En otro tenor, las concentraciones originales de comercios al aire libre tienen una gran importancia en la memoria de nuestros informantes, ya que por su carácter informal y el uso de las vías públicas fueron el objetivo de los susodichos programas urbanísticos y, tras la construcción de los mercados, los grupos de comerciantes, conocidos como pioneros, pasaron a formar parte de los mercados.[9]

 

Cabe destacar que, en el momento de su edificación, los tres mercados se situaron en zonas que no formaban parte del casco histórico de la ciudad, especialmente San Pedro de los Pinos y Ajusco Montserrat; ambas colonias tuvieron procesos de poblamiento distintos y poseen un perfil muy diferente: mientras que la primera es una colonia históricamente de clase media, habitada por intelectuales, artistas y extranjeros, la segunda es una colonia conformada por inmigrantes de escasos recursos y se caracteriza por la autoconstrucción de las viviendas. En cambio, Jamaica es una zona de mucha mayor tradición comercial, cuyos orígenes se remontan a la época prehispánica. Estos aspectos nos permitieron ubicar espacial, temporal y socialmente a los mercados estudiados, pues las colonias que los albergan contribuyen activamente a la conformación de su identidad.

 

Durante la década de 1980 los mercados de Jamaica, San Pedro de los Pinos y “La Bola” observaron cambios importantes; los distintos eventos que los afectaron modificaron notablemente su identidad. Los mercados de Jamaica y San Pedro de los Pinos atravesaron por un cambio en su enfoque comercial, dejaron de ser mercados exclusivamente tradicionales para convertirse en mercados especializados en la venta de flores y mariscos, y es esa especialización la que define hoy en día su identidad como espacios de comercio y lugares de memoria.[10]

 

El mercado de Jamaica (en la alcaldía Venustiano Carranza) nació como una concentración de embarcaciones de comerciantes de escasos recursos que se establecieron en torno a la garita de La Viga; el mercado estaba originalmente enfocado a la venta de verduras y leguminosas. En su inauguración, el nuevo mercado fue muy elogiado por su tamaño y capacidad, así como por su planta de tratamiento de verduras y legumbres y la llamada “techumbre” diseñada por Candela.[11] Tras la inauguración de la Central de Abasto, en 1982, y la considerable destrucción que sufrió el mercado en el sismo de 1985, Jamaica observó una profunda transformación que se evidencia en tres aspectos: en lo arquitectónico, pasó de ser un mercado semiabierto a uno totalmente cerrado; en lo administrativo, se reflejó en la conformación de la asociación civil “Jamaica Siempre Vivirá”, en 1988 y, ese mismo año, en la adopción del sistema de autoadministración. Y en lo comercial por la especialización en la venta de flores.[12]

 

La colonia San Pedro de los Pinos (en la alcaldía Benito Juárez) se pobló en la primera mitad del siglo XX y se caracterizó no sólo por sus residentes, mayoritariamente de clase media, sino también por su particular paisaje rural, pero también industrial, pues en ella se establecieron diversas fábricas.[13] A partir de la década de 1940, la colonia se transformó paulatinamente; en 1957 la inauguración del nuevo mercado sustituyó al comercio informal que se había establecido previamente a lo largo de la calle 17. La transición a un mercado especializado en la venta de mariscos inició en la década de 1980, gracias al abandono de muchos locales, así como al cambio en el tipo de clientela ligado a las transformaciones urbanas y de vivienda de la colonia; sin embargo, esta modificación comercial se dio de forma gradual y hoy en día este mercado ha observado también una diversificación culinaria.[14]

 

La identidad del mercado de “La Bola” está ligada a su característica planta circular y no puede disociarse del contexto urbano en el que se encuentra: la topografía de la colonia formada por piedra volcánica resultado de la erupción del Xitle y la historia misma de la colonia, poblada en la segunda mitad del siglo XX por inmigrantes de escasos recursos de otros estados de la república. Entre 1985 y 1995 este mercado comenzó a enfrentarse a la dura competencia de otras formas de comercio: la llegada del tianguis dominical y el comercio ambulante, mismos que han ido creciendo y se han integrado a la identidad del mercado, así como a la construcción de los primeros dos supermercados en la colonia: Aurrera y Gigante (hoy Soriana). A raíz de estos eventos se dieron los primeros casos de corrupción que enfrentaron al gremio de comerciantes con las autoridades locales; desde entonces las relaciones entre ambas partes no han mejorado e incluso hoy en día siguen existiendo casos de corrupción que resultaron en la conformación de la Asociación Civil del mercado en 2017.[15]

 

Los sucesos antes referidos ayudaron a distinguir algunos aspectos de la “personalidad” o identidad de los mercados, misma que se ve reflejada de una u otra forma en los murales que albergan. Los murales de Jamaica y San Pedro de los Pinos evidencian una gran calidad técnica y poseen una representación clara, mientras que en el mercado de “La Bola” encontramos un mural de factura abiertamente naïf[16] y que no posee un tema claro en apariencia, aspecto que jugó en contra suya.

 

Los murales

Jamaica revive fue originalmente una iniciativa del colectivo Germen Crew y su participación en “Marchante...” se dio hasta la última etapa de ejecución del mural.[17] El concepto fue desarrollado con base en el relato que los propios comerciantes brindaron a los artistas y contó con su aprobación. El mural, que abarca 1 400 m2, desarrolla tres temas a lo largo de 7 escenas: la fertilidad de la tierra, el proceso de recolección y distribución de las flores y el pasado de la zona de Jamaica-La Viga, simbolizados mediante deidades prehispánicas y figuras arquetípicas, como los campesinos y el joven recolector de flores.

 

Así, la identidad de Jamaica representada en el mural se conformó a través de imágenes del mercado y elementos simbólicos de la etapa prehispánica, aludiendo al pasado y presente del mercado para celebrarlo y “detonar nuestro orgullo de ser mexicanos”.[18] No obstante, se trata de una representación parcial e idealizada del mercado y su pasado, ya que se articula a partir de imágenes idílicas cargadas de nostalgia que se ven acentuadas por la escala monumental del mural; en el que destaca la completa obliteración de la arquitectura original de 1957 y el sismo de 1985. A pesar de ello, se trata de una representación que responde a lo que los comerciantes deseaban ver reflejado en el mural.

 

Gracias al uso de elementos prehispánicos y la escala de las figuras y motivos que atraviesan el mural, éste se inserta de forma acrítica dentro de una tradición pictórica-artística que refleja algunas de las propuestas del Manifiesto del SOTPE, pero que se vincula con el muralismo oficialista y de consolidación que sirvió a la construcción ideológica de la identidad nacional.

 


Mural Jamaica revive, mercado de Jamaica. “Marchante, un trueque con el arte”, Colectivo Germen, Facebook, 23 de julio de 2013, https://www.facebook.com/Marchante-un-trueque-con-el-arte-577609042283779/photos/605707752807241

 


Detalles del mural Jamaica revive, representación antropomorfa de Tonantzin Coatlicue, mercado de Jamaica. “Marchante, un trueque con el arte”, Colectivo Germen. Fotografías tomadas por la autora.

 


Detalles del mural Jamaica revive, representación antropomorfa de Tonantzin Coatlicue, mercado de Jamaica. “Marchante, un trueque con el arte”, Colectivo Germen. Fotografías tomadas por la autora.

 


Detalle del mural Jamaica revive, imagen alusiva a los antiguos canales de Jamaica-La Viga, mercado de Jamaica. “Marchante, un trueque con el arte”, Colectivo Germen. Fotografía tomada por la autora.

 


Detalle del mural Jamaica revive, representación semiantropomorfa de Tláloc, mercado de Jamaica. “Marchante, un trueque con el arte”, Colectivo Germen. Fotografía tomada por la autora.

 

El mural de San Pedro de los Pinos, Sueños de un colibrí, fue pintado por GOTHA y JOMER —originarios de Juchitán, Oaxaca y miembros de Colectivo Chiquitraca— y APHEX. El mercado y el mural se encuentran frente al templo de San Vicente Ferrer, santo patrón de Juchitán, ciudad cercana a la laguna Superior en el golfo de Tehuantepec y el océano Pacífico; debido a esta asociación, los artistas decidieron vincular dos espacios distintos: por un lado, el mercado de San Pedro y, por otro, el paisaje cercano a su natal Juchitán. De esta forma, el mural se integra a la serie de referencias oaxaqueñas que rodean al mercado y a la vez dialoga con él, estableciendo lo que hay en común entre el mercado y Juchitán.[19]

 

El mural parte de algunos símbolos de la colonia (el bosque de pinos y el dios mexica Mixcóatl) para trasladarnos a otro espacio y tiempo: el fondo del mar, representado también de forma idílica, ya que este paisaje es totalmente atemporal y apacible, indiferente a la acción humana, no existen signos de conflicto y la relación con los humanos aparece representada como una convivencia respetuosa, de modo que nos encontramos ante una imagen “universal” del ecosistema marino y una representación idealizada de la relación entre humanidad y naturaleza. Esta “universalidad” del mural nos sugiere distintas lecturas. Por un lado, funciona como dispositivo de representación de comunidades ajenas a este mercado, como es el caso de los propios artistas. Por otro, promueve una interpretación según la cual el mural nos invita a repensar nuestra relación con la naturaleza, específicamente, con los océanos, aunque el mural realmente no expresa un mensaje de carácter político-ambiental.

 

Ahora bien, el mural transmite una sensación general de tranquilidad y armonía que consideramos representativa del mercado de San Pedro, pues logra reflejar la imagen que los propios comerciantes tienen de su mercado y, al mismo tiempo, representa el origen de los famosos mariscos de San Pedro de los Pinos.

 


Sueños de un colibrí, mercado de San Pedro de los Pinos. GOTHA, JOMER y APHEX. Fotografía tomada por la autora.

 


Close-ups del mural Sueños de un colibrí, mercado de San Pedro de los Pinos. GOTHA, JOMER y APHEX. Fotografías tomadas por la autora.

 


Close-ups del mural Sueños de un colibrí, mercado de San Pedro de los Pinos. GOTHA, JOMER y APHEX. Fotografías tomadas por la autora.

 


Close-ups del mural Sueños de un colibrí, mercado de San Pedro de los Pinos. GOTHA, JOMER y APHEX. Fotografías tomadas por la autora.

 

El mercado de “La Bola” alberga el mural Emiliano Zapata vive y visita el mercado de La Bola, de Carlos Cons en colaboración con Dr. Lakra e Isac Soto Rosales. Fue diseñado para ejecutarse en la explanada principal del mercado, pero debido a la inconformidad de los comerciantes, terminó por realizarse en una de las fachadas laterales, aspecto que impactó en el tema representado. Se trata de un mural doble, en apariencia caótico y que no representa de forma literal el mercado o la colonia, sino que, de manera altamente simbólica y metafórica, homenajea al mercado, a la colonia y a sus habitantes.

 

El aspecto desordenado del mural y su factura naïf, en conjunto con los elementos y motivos instalados, emulan la autoconstrucción característica de las viviendas de la colonia Ajusco, reflejando parte de su “personalidad”. Este festejo simbólico se ve reforzado, primero, por las figuras de Zapata, que funcionan como símbolo del desposeído y en clara alusión a los habitantes que poblaron la colonia; segundo, por el “altar” que se encuentra en la primera parte del mural y cuya composición nos indica que lo que se celebra es a los habitantes tanto de la colonia como a las comerciantes del mercado, que aparecen representadas a través de tres réplicas subvertidas de madonnas de Leonardo da Vinci, desacralizadas de su estatus de obras de arte y convertidas en marchantas.[20]

 

El mural, llevado a cabo en el marco de “Marchante...”, contrasta notablemente con los murales que alberga la biblioteca del mercado, que sí representan de forma clara el antiguo paisaje de la colonia, la concentración original, el mercado y los comerciantes pioneros. Debido al carácter simbólico y metafórico del mural pintado por Carlos Cons, Dr. Lakra e Isac Soto, tuvo la mala fortuna de no ser bien recibido por los comerciantes del mercado, ya que consideran que no fueron representados en él, a pesar de su profundo talante celebratorio.


Vista general del mural Emiliano Zapata vive y visita el mercado de La Bola, la imagen nos permite observar la ubicación del mural, a un costado de la entrada lateral del mercado sobre la calle Totonacas, mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”. Carlos Cons, Dr. Lakra e Isac Soto Rosales. Fotografía tomada por la autora.

 


Emiliano Zapata vive y visita el Mercado de La Bola, mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”. Carlos Cons, Dr. Lakra e Isac Soto Rosales. Fotografías tomadas por la autora.

 


Emiliano Zapata vive y visita el Mercado de La Bola, mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”. Carlos Cons, Dr. Lakra e Isac Soto Rosales. Fotografías tomadas por la autora.

 


Detalle del mural Emiliano Zapata vive y visita el mercado de La Bola, reproducción del retrato de Lisa Gherardini y Madonna Litta, ambas de Leonardo da Vinci, mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”. Carlos Cons, Dr. Lakra e Isac Soto Rosales. Fotografía tomada por la autora.

 

A modo de conclusión

“Marchante, un trueque con el arte” fue un proyecto de street art concebido en función de una preocupación central: rescatar y representar de forma gráfica la identidad de los mercados públicos de la Ciudad de México; se destacó por ser un proyecto colectivo, legal y que contó con el apoyo de instituciones gubernamentales. Además, se inscribe en un momento crítico para los mercados de la capital. En la década pasada los mercados públicos de la Ciudad de México se vieron afectados por serios problemas de infraestructura, debidos a la falta de mantenimiento y atención por parte de las autoridades, a pesar de que representan el 23 % del abasto de los más de 21 millones de capitalinos.[21]

 

La historia de los tres mercados estudiados trasluce ciertas transformaciones urbanas por las que ha atravesado la Ciudad de México en distintos momentos del siglo XX y de lo que va del XXI: la transición de las formas tradicionales de comercio al aire libre a la creación de mercados públicos funcionales, erigidos en el marco de proyectos de Estado enfocados a reordenar el espacio público urbano y dotar de infraestructura y servicios básicos a la población; la expansión de la urbe, el aumento del comercio informal, los supermercados y las plazas comerciales en la segunda mitad del siglo XX; y por último, la erosión o degradación de los mercados públicos en el siglo XXI. Los relatos de los comerciantes entrevistados reflejan esos cambios, los cuales trastocaron la identidad de los mercados en su devenir.

 

El análisis visual de los murales, realizado con base en los testimonios de los comerciantes entrevistados, permite dar cuenta de las distintas estrategias conceptuales empleadas por los artistas, como el uso de figuras prehispánicas, imágenes del pasado e, incluso, figuras populares de la historia mexicana para crear simbolismos o alegorías que representan la identidad de los mercados, mismos que se encuentran representados en los tres murales en distintos grados. A pesar de la creatividad que se observa en los murales, desafortunadamente no todos lograron ser bien recibidos por los comerciantes, como es el caso del mercado de “La Bola”. Esto sugiere que los proyectos artísticos como “Marchante...” no siempre logran captar o reflejar los deseos de las comunidades con las que interactúan.

 

Por último, “Marchante...” manifiesta en su conjunto la herencia de una tradición pictórica y artística de la historia del arte en México, el Muralismo Mexicano. En cuanto proyecto de arte público en mercados públicos de la Ciudad de México, “Marchante...” retomó el programa mural del mercado Abelardo L. Rodríguez y lo adaptó al contexto histórico, urbano y artístico actual sin recurrir a un discurso ideológico o totalizador de la identidad de los mercados; en contraste, partió de las especificidades de cada uno para generar una representación gráfica acorde a cada mercado.

 

* Historiadora por la UNAM.
[1] Los mercados y artistas participantes fueron: mercado 25 de Julio (Beto Carlock); mercado Ajusco Montserrat “La Bola” (Carlos Cons, Dr. Lakra e Isac Soto Rosales); mercado de Jamaica (Colectivo Germen); mercado de La Cruz (REVOLVER, REZOK, XCES y CAUTER de Colectivo XK); mercado Verde (Taller La Buena Estrella, Carlos Soto “X-CHAMS”, César Urrutia y Sergio Valdés); mercado Melchor Ocampo “Medellín” (Cristian Pineda Flores); mercado Juárez (GOTHA y JOMER de Colectivo Chiquitraca); mercado San Pedro de los Pinos (GOTHA, JOMER y APHEX de Colectivo Visual Psy); mercado Xóchitl (Heyliana Flores Lobato); mercado de San Juan-Arcos de Belén (RAPO, RENAT y REBEL de BAD-Brigada de Artistas Desterrados).
[2] Valeria Urbieta Palma, “Marchante, un trueque con el arte. Proyecto de street art en la Ciudad de México”, tesis de licenciatura, UNAM, México, 2021, 163 p.
[3] Debido al amplio número de trabajadores que alberga cada mercado y el tiempo que habría implicado desarrollar una investigación exhaustiva, se optó por conversar con comerciantes que pudieran brindarnos información sobre la historia de cada mercado: los de mayor antigüedad o los de segunda generación. Todos los comerciantes entrevistados mantenían un cargo administrativo en las mesas directivas de los respectivos mercados, o formaron parte de las mesas directivas en el pasado.
[4] Nos referimos de forma específica a la noción de identidad colectiva, que se define como el conjunto de rasgos o cualidades que caracterizan a los miembros de un grupo en oposición a otros que no pertenecen a él, posee una función clasificatoria en la que la pertenencia se da en función de cómo los individuos o grupos se definen a sí mismo o cómo son definidos por otros. Graciela Malgesini y Carlos Jiménez, Guía de conceptos sobre migraciones, racismo e interculturalidad, Madrid, Los Libros de la Catarata / Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid-Dirección General de Juventud, 2000, pp. 237-238. (colección Mayor, 108).
[5] Se trata de un análisis desarrollado por Maurice Halbwachs en Les cadres sociaux de la mémoire (1925) y La mémoire collective (1950). Citado en Peter Burke, “La historia como memoria colectiva”, en Formas de historia cultural, trad. de Belén Urrutia, Madrid, Alianza (Ensayo Historia y Geografía), 2000, p. 66.
[6] Joël Candau, Antropología de la memoria, trad. de Paula Mahler, Buenos Aires, Nueva Visión (Claves), 2002, pp. 87, 100, 101. Los relatos “de memoria” poseen sus propios medios de transmisión, entre ellos, las imágenes y el espacio. Cfr. Peter Burke, “La historia como memoria colectiva”, en Formas de historia cultural, trad. de Belén Urrutia, Madrid, Alianza (Ensayo Historia y Geografía), 2000, p. 66, 76-85. Se puede sostener que los recuerdos son imágenes mentales del pasado vinculados a espacios determinados, en este caso, los mercados.
[7] El mercado Abelardo L. Rodríguez se erigió en la antigua sede de la iglesia de San Pedro y San Pablo y de un conjunto de colegios destinados a la enseñanza de los indígenas fundados por la Compañía de Jesús. Respecto de la insuficiencia de mercados públicos en la Ciudad de México, Esther Acevedo señala que en 1933 existían solamente 40 mercados públicos que apenas lograban abastecer a la mitad de la población de la ciudad, casi un millón y medio de habitantes. Esther Acevedo, “Jóvenes muralistas apuestan a un proyecto popular: el mercado Abelardo L. Rodríguez”, CURARE. Espacio Crítico para las Artes, núm. 10, México, 1997, pp. 87-92.
[8] Este Manifiesto proponía, a grandes rasgos, el rescate y la integración del arte prehispánico y popular, el carácter monumental de las obras por ser de utilidad pública y cuya función era estar al servicio de la educación y la lucha política para garantizar el gozo colectivo de la belleza, de ahí que el nuevo arte mexicano fuera considerado un arte público. Esther Acevedo y Pilar García, “Procesos de quiebre en la política visual del México posrevolucionario”, en Mercedes de Vega (coord.), La búsqueda perpetua: lo propio y lo universal de la cultura latinoamericana, vol. 5, México y la invención del arte latinoamericano, 1920-1950, México, Secretaría de Relaciones Exteriores-Dirección General del Acervo Histórico Diplomático, 2011, pp. 27-36 y 85-135.
[9] Durante la investigación en el mercado Ajusco Montserrat, los informantes distinguieron entre comerciantes pioneros y fundadores: los pioneros son todos aquellos comerciantes que formaban parte de las concentraciones de comercio al aire libre, mientras que los fundadores son aquellos comerciantes que se integraron a los mercados en los años inmediatamente posteriores a la construcción de los mercados, pero no formaban parte de las concentraciones originales. La segunda generación de comerciantes son los hijos de comerciantes pioneros o fundadores que continúan laborando en los mercados. Entrevista al Sr. Francisco Javier Vargas, comerciante del mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”, realizada el 22 de mayo de 2019 en el mercado Ajusco Montserrat, para el proyecto de investigación “Marchante, un trueque con el arte. Proyecto de street art en la Ciudad de México”. Entrevista a la Sra. Teresa Castillo Horta, comerciante del mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”, realizada el 28 de mayo de 2019 en el mercado Ajusco Montserrat, para el proyecto de investigación “Marchante, un trueque con el arte. Proyecto de street art en la Ciudad de México”.  
[10] En este artículo se entiende a los mercados no sólo como espacios para el comercio sino como lugares antropológicos y lugares de memoria; es decir, como construcciones sociales, simbólicas e históricas que albergan un principio de sentido para los habitantes y un principio de inteligibilidad para los observadores, proporcionándoles una imagen de lo que ya no es, y la cual refuerza el carácter sagrado (o afectivo) del espacio. Marc Augé, Los no lugares. Espacio del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, México, Gedisa, 2008, pp. 57-65. El concepto de lugar de memoria fue propuesto originalmente por Pierre Nora en Les lieux de memoire, publicado entre 1984 y 1992.
[11] “El mercado de Jamaica garantizará la pureza de legumbres y verduras” El Nacional, México, D. F., jueves 12 de septiembre de 1957, sin sección, p. 1; V. Francisco Piña, “Grandiosa manifestación de gratitud al señor presidente por los nuevos mercados”, El Nacional, México, D. F., martes 24 de septiembre de 1957, sin sección, p. 9.
[12] Entrevista al Sr. Ángel de Jesús Ávila Ávila, comerciante del mercado de Jamaica y secretario general de la mesa directiva y la Asociación Civil Jamaica Siempre Vivirá, realizada el 21 de junio de 2019 en el mercado de Jamaica, para el proyecto de investigación “Marchante, un trueque con el arte. Proyecto de street art en la Ciudad de México”.
[13] La más grande y famosa fue la fábrica de cemento La Tolteca, pero San Pedro de los Pinos albergó también las fábricas Canicas Industrias Cornejo, Eureka, Galletas Lara, Cocinas Dehler y la de embutidos Iberomex. Ma. Concepción Martínez Omaña, “Escenario fabril de la colonia San Pedro de los Pinos” en Patricia Pensado Leglise y Ma. de Jesús Real García Figueroa (coords.), Historia oral de San Pedro de los Pinos: conformación y transformación del espacio urbano en el siglo XX, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora / Delegación Benito Juárez / Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, 2003, pp. 63-81.
[14] Entrevista al Sr. Armando Hernández, comerciante del mercado de San Pedro de los Pinos y actual secretario general de la mesa directiva, realizada el 29 de mayo de 2019 en el mercado de San Pedro de los Pinos, para el proyecto de investigación “Marchante, un trueque con el arte. Proyecto de street art en la Ciudad de México”.
[15] Entrevista citada a la Sra. Teresa Castillo Horta; Entrevista citada al Sr. Francisco Javier Vargas; Entrevista a la Srita. Huguette Hernández, comerciante del mercado Ajusco Montserrat, “La Bola” y actual secretaria general de la mesa directiva, realizada el 28 de mayo de 2019 en el mercado Ajusco Montserrat, “La Bola”, para el proyecto de investigación “Marchante, un trueque con el arte. Proyecto de street art en la Ciudad de México”.
[16] El término naïf (ingenuo o simple, en francés), se refiere a un estilo artístico caracterizado por la ingenuidad y simplicidad en la representación, alejado de las convenciones académicas de la pintura y dotado de una interpretación libre de la perspectiva, o carente de ella, el uso de colores brillantes y formas simplificadas y el autodidactismo de muchos artistas. El arte naïf fue asociado a una representación “primitiva”, burda o infantil.
[17] De acuerdo con el primer reporte de trabajo incluido en la documentación de “Marchante...”, la ejecución del mural se llevó a cabo en cuatro etapas: las primeras dos se financiaron con recursos de los artistas y apoyo del mercado, y se pintaron 70 m; en la tercera etapa, Germen consiguió apoyo en especie por parte de la empresa Comex y se pintaron 70 m más. La participación en “Marchante...”, o sea, con recursos del proyecto, se dio hasta la cuarta y última etapa de ejecución; para ese momento, el mural presentaba un avance del 70 %. Cfr. Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, Unidad de Transparencia, “Respuesta a la Solicitud de Acceso a la Información Pública con No. de Folio 1116100041519”, 3 t., Ciudad de México, 22 de noviembre de 2019, t. 1, fs. 455-461.
[18] Abida Ventura, “Confabulario TV. Una pieza sobre el ‘Proyecto Marchante. Un trueque con el arte’” en Confabulario Tv, 9 de octubre de 2014, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=f87xnXu_Xyc&fbclid=IwAR1B15R1B4ocgf0Z4mir5YNIpwvig-7nC-8Fwdc1csXO_fMuWpYYOlwg1v8, consultado 18 de febrero de 2019.
[19] Además del templo de San Vicente Ferrer, el mercado de San Pedro de los Pinos también se encuentra junto al parque Pombo, nombrado así en honor al diputado oaxaqueño Luis Pombo, quién donó el terreno para que se construyera este parque entre 1905 y 1908. Cfr. Guadalupe Barrientos López, “Parques Pombo y Miraflores. Espacios de identidad”, en Patricia Pensado Leglise y Ma. de Jesús Real García Figueroa (coords.), Historia oral de San Pedro de los Pinos: conformación y transformación del espacio urbano en el siglo XX, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora / Delegación Benito Juárez / Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, 2003, pp. 48, 96. E incluso la nomenclatura misma de la Alcaldía Benito Juárez.
[20] De las tres réplicas, sólo se alcanza a distinguir dos: el Retrato de Lisa Gherardini, mejor conocido como La Gioconda o La Mona Lisa (1503/1519) y Madonna and the child, o Madonna Litta (1490-1491). Al momento de redacción de este artículo (2025), el mural ejecutado en el marco de “Marchante...” ya no existe. El mercado fue pintado en su totalidad entre 2022 y 2023.
[21] Jesús Sesma Suárez, “Problemas con los mercados públicos”, Excélsior, sección Opinión, México, 7 de agosto de 2014, disponible en https://www.excelsior.com.mx/opinion/jesus-sesma-suarez/2014/08/07/974918.