Pies en la tierra

Sergio Huidobro (coord.), Pies en la tierra. Crónicas de septiembre, México, s. e., 2018.

Omar Issac Dávila González*

 

 

En septiembre de 1985 la sociedad mexicana observó la manera desgarradora en que se desmoronó la modernidad del siglo XX en la capital del país, con la caída del edificio Nuevo León en la unidad habitacional de Tlatelolco y de los edificios del multifamiliar Juárez, en la colonia Roma, a causa del temblor del día 19. Treinta y dos años después, también un 19 de septiembre, tembló; y otra vez fuimos testigos del triste derrumbe de la modernidad expresado en el edificio del multifamiliar Tlalpan. Tanto en el temblor de 1985 como en el de 2017 fallecieron muchos mexicanos dentro de viviendas, oficinas y, en el primero, en hoteles y hospitales. En los dos momentos la sociedad civil[1] se organizó para ayudar a los afectados por la catástrofe terrestre, dedicando su corazón, fuerza y tiempo a trabajar en conjunto con el gobierno para reconstruir un país demolido desde las entrañas de la tierra.

 

En ambas ocasiones quedó claro que la sociedad mexicana es solidaria, que los ciudadanos son capaces de cooperar para romper la barrera pueblo/gobierno, para demostrar su empatía con el otro, su identidad y patriotismo sin importar la clase social. Por su parte, el gobierno demostró ineficiencia al responder a estas emergencias naturales y la sociedad civil pudo constatar, una vez más, las tremendas irregularidades que rodean el crecimiento inmobiliario en la Ciudad de México, la precariedad laboral —con las costureras del edificio derrumbado en San Antonio Abad en 1985 y con los trabajadores del edificio colapsado en Bolívar y Chimalpopoca en 2017— y la corrupción en la esfera oficial una vez que el gobierno tomó el control, desplazando a la población que, conmovida, se había movilizado de inmediato para ayudar a los afectados.

 

Pies en la tierra. Crónicas de septiembre por un lado, al igual que otros libros sobre los sismos de 2017 aparecidos en el transcurso del año siguiente,[2] pretende resguardar la memoria —como también lo hicieron las revistas Relatos e historias en México, Nexos y Cuartoscuro en 2017— de aquellas manos fuertes, cuerpos sinceros, corazones desinteresados y rostros sudorosos que se organizaron, a pesar de las deficiencias del gobierno y de nuestro individualismo cotidiano, para ayudar a los que sufrieron la unión de la corrupción inmobiliaria y el movimiento subterráneo de la naturaleza ocurrido a las 13:15 horas del martes 19. Pies en la tierra, como los otros libros citados, buscó recaudar fondos para donarlos a la reconstrucción.

 

El libro coordinado por el maestro Sergio Huidobro contiene once crónicas y un agradecimiento a 130 colaboradores que hicieron posible la realización de la obra. El prólogo, a cargo del coordinador, hace hincapié no sólo en la necesidad de conservar la memoria a través de la escritura, recordándonos que la sociedad mexicana es capaz de ensayar nuevas formas de cercanía y vecindad para la ayuda mutua, sino que también plasma una denuncia: muchos de los fallecimientos del pasado 19 de septiembre obedecieron a causas que no son naturales.

 

En “Déjà vu”, Edson Lechuga hace un doble recorrido por la memoria en el ir y venir entre los sismos de septiembre de 1985 y 2017, donde a partir de sus vivencias narra la manera en que se enteró del sismo y de sus consecuencias: la conjunción de llantos y abrazos en una ciudad caótica donde la gente se desbordó entre el miedo y las ganas de ayudar. Julia Santibáñez, en “Esa flor despetalada”, adentra al lector en los puestos médicos, de herramientas y de comida llenos de voluntarios y rescatistas que se instalaron sobre la avenida Álvaro Obregón para acompañar a los que perecieron y renacieron, al ser rescatados, en el edificio con el número 286 que el temblor echó abajo.

 

En “Una tarde en el siglo XVIII”, Alberto Chimal describe la manera en que la Ciudad de México se transformó por un momento en un espacio urbano dieciochesco al sobrevenir el colapso de los servicios de luz, teléfono e internet, que poco a poco la ciudad se fue restableciendo. En algunas zonas de la capital tuvieron señal en sus teléfonos y luz en sus hogares hasta las 6:30 de la tarde del 19, en otras tardaron uno o dos días más. El internet (Twitter, Facebook y WhatsApp) bien utilizado fue un gran aliado de la sociedad civil porque con la plataforma @verificado19s se comprobó la información que aparecía en línea y de esta manera se dirigió con efectividad la ayuda donada por la ciudadanía.

 

Juan Carlos Quezada, en “La J es de Jessica”, se enfoca en la atención que Televisa, la Secretaría de Marina, el secretario de Educación Pública y el presidente pusieron en el rescate no logrado de la niña Frida Sofía en el colegio Enrique Rébsamen. Tal vez Frida Sofía representó todas aquellas víctimas que no pudieron sobrevivir, como ocurrió con Jessica Laura Castrejón. En “Pásele, marchante”, Saraí Campech relata el viaje que emprende a Juchitán, Oaxaca un mes después del sismo del 7 de septiembre para llevar despensas y paquetes de alimentos no perecederos, artículos de limpieza y ropa. Las sacudidas sísmicas continúan y el sonido proveniente del interior de la tierra hace juego con el ritmo de los juchitecos, que se proponen recomponerse con la ayuda de su vida cotidiana y sus fiestas... ésa es la sensación de todos los que vivieron los dos últimos sismos en México.

 

Roberto Abad, en “La primavera finita”, rinde su testimonio desde la cima de la torre del reloj del Palacio de Cortés (Museo Regional Cuauhnáhuac), donde el tiempo quedó paralizado ante el movimiento de la tierra para ser testigo de los daños en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, y de la reacción solidaria de la gente durante los primeros días. En “Tu nombre es el mío”, Karen Villeda le da voz a todas aquellas mujeres sin nombre que quedaron atrapadas en el edificio que colapsó en Bolívar 168. Ana Romero, en “12.5 kilómetros”, viajó esa distancia de la Ciudad de México a San Gregorio Atlapulco para recuperar la memoria de lo que pasaron los chicuarotes en ese martes 19 y en los días posteriores en que la ayuda llegó para los sobrevivientes.

 

En “El silencio vino después”, Jaime Mesa narra que el temblor en Cholula lo derrumbó todo, aunque no hubo fallecidos. Se dañaron los campanarios de las iglesias. El mensajero del tiempo se detuvo y el silencio se apoderó del ritmo de la vida mientras los cholultecos se encargaban de salvar a los santos y a la Virgen de los Remedios sacándolos de los templos. David Miklos, en “El temblor que somos”, recorre la memoria de los sismos de 1957, 1985 y 2017, donde se encuentra con el reflejo del otro que pudo haber sido él; él, que debe estar alzando su voz para que las autoridades lo escuchen, meses después de aquel trágico martes 19. “Tiemblo”, de Maia F. Miret, constituye el epílogo del libro; recupera los testimonios de los largos días, semanas y meses que pasarán en la calle todas las personas que perdieron sus viviendas; todos los que se unirán para exigir a las autoridades que les otorguen, en forma transparente, la ayuda que les corresponde para reconstruir su hogar.

 

Los objetivos del libro se plasman en el último apartado. El primero consistió en mantener una memoria histórica de lo acontecido durante el mes de septiembre de 2017 en México. El segundo fue recabar ayuda monetaria —a través de la plataforma de internet Donadora Mx— para que dos familias juchitecas pudieran reconstruir sus fuentes de trabajo: dos talleres artesanales dedicados al calzado y al vestido. Pies en la tierra es un ejemplo de que las letras y la conservación de la memoria histórica pueden tener un fin social en beneficio de los seres humanos. Su lectura moviliza sentimientos profundos y no permite olvidar que se puede hacer mucho para prevenir futuros desastres.

 


* Dirección de Estudios Históricos, INAH.

[1] Concepto analizado y desarrollado por Carlos Monsiváis en Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza (1987) y “No sin nosotros”. Los días del terremoto 1985-2005 (2005).

[2] Yamilé Vaena et al. (coords.), Puños en Alto por México: Proyecto Colectivo Internacional, s. l., Create Space Independent Publishing Platform, 2017; Alfredo Campos Villeda(comp.), Septiembre letal. Memoria de sismos, colapsos y solidaridad, México, Milenio, 2017; Luis Reséndiz (coord.), Estamos de pie. 19S: Historias de grandeza mexicana, México, Planeta, 2017; Tiembla, edición y selección de textos Diego Fonseca, México, Almadía, 2018; Yohali Reséndiz, 19S: el día que cimbró México. Una mirada a las fallas estructurales del gobierno y la corrupción de las instituciones, México, Penguin Random House, 2018.

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Sergio Huidobro (coord.), Pies en la tierra. Crónicas de septiembre, México, s. e., 2018.

Omar Issac Dávila González

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