Rememorar el 19 de junio de 2016

Emma Landeros Martínez, Nochixtlán: un domingo negro. Radiografía de una masacre, México, Aguilar, 2018.

 

Antonio Cruz Zárate*

 

 

Al cumplirse dos años de la represión policíaca en Nochixtlán se publicó la indagación periodística que a continuación reseño. Es quizá la única investigación que narró los sucesos trágicos desde el inicio del conflicto hasta los últimos meses del presente año.

 

Nochixtlán: un domingo negro. Radiografía de una masacre es un libro importante por varias razones. La primera, porque reunió los testimonios de las víctimas de la represión policíaca, entre ellos algunas historias ya conocidas como las de Yalid Jiménez, Anselmo Cruz, Jesús Cadena,[1] René Cruz y la de los niños de la colonia 20 de Noviembre;[2] además insertó otras vivencias que todavía no eran relatadas, como las de Horacio, César, Aarón, Luis y Diódoro.[3] También incorporó una muestra de la participación de las mujeres y la tortura sexual que sufrieron las detenidas, como fue el caso de Miguelina, pero de ellas poco se sabe.

 

La segunda razón es que los testimonios de las víctimas revelan las secuelas psicológicas, económicas y sociales de la agresión hasta el día de hoy. La economía ya de por sí precaria de las víctimas y de sus familiares se vio golpeada por los gastos que han tenido que sufragar ante la falta de atención médica y de un diagnóstico adecuado.

 

En tercer lugar, Emma Landeros denuncia que la policía empleó un lenguaje racista, pero fue la violencia física la protagonista del ataque de la Gendarmería Nacional, Policía Federal y Estatal en contra de la población civil. Destaca la negligencia y la obstaculización del gobierno federal para impartir justicia a las víctimas en lo que hasta el día de hoy es un caso de total impunidad. De esta manera Nochixtlán vacila entre la memoria y el olvido social.

 

En cuarto lugar, la autora documenta que los participantes en la resistencia civil, ciudadanos comunes, fueron golpeados, privados de su libertad, heridos y asesinados por la policía. Por último, la investigación resulta un contrapeso a la versión oficial de que las fuerzas del orden fueron las agredidas y no las agresoras.

 

Si Landeros decidió contar estas historias de vida es porque entre las preocupaciones de los periodistas independientes están registrar la memoria inmediata y denunciar los crímenes de Estado contra la población civil que se han generalizado en el país. Aunada a esto, la complicidad de la Comisión Nacional de Derechos Humanos con el gobierno para no escuchar a las víctimas ni recomendar la reparación del daño e impartición de justicia ha sido una constante durante el lapso transcurrido a partir de los hechos. Fueron las organizaciones civiles de derechos humanos quienes documentaron y apoyaron a las víctimas desde el primer momento.

 

El libro contiene un epílogo, en el cual la autora da una explicación sociológica de por qué tanto el gobierno federal y como el estatal habrían actuado en contra de la población mixteca. Su hipótesis es que en la región mixteca, territorio minero en el que no hay presencia de la industria extractiva en tiempos recientes, la represión fue una medida de advertencia para evitar a futuro protestas de la población cuando llegue a asentarse la industria extractiva. La autora reforzó su argumento señalando que la mixteca forma parte de las zonas económicas especiales, aunque en realidad no es así.[4] En consecuencia, piensa que existen concesiones a empresas particulares para la explotación de los yacimientos de oro, plata y uranio en la región; este planteamiento no es nuevo, si bien no por eso resulta menos importante.

 

Considero necesario ampliar el análisis sociológico de las causas que detonaron el conflicto político, el cual en parte se debió a la aplicación de la reforma educativa en el estado, pero también tiene antecedentes en la agitación política y social actual en los distritos de Tlaxiaco y Pochutla, y en el enfrentamiento de una década atrás (2006) entre el gobernador Ulises Ruiz con la CNTE-Sección 22 y las organizaciones integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Paradójicamente, los hechos de Nochixtlán tuvieron lugar también en el mes de junio y sólo difirieron por días.

 

El libro está escrito con un lenguaje comprensible y de fácil lectura. Únicamente es de lamentar la falta de un mapa de la localidad que coadyuve a ubicar geográficamente al lector. Este inconveniente dificultó localizar la zona del ataque policíaco y comprender la participación de otros municipios. Un último inconveniente es que la autora no citó las fuentes consultadas ni avisó al lector de las razones por las cuales omitió los nombres de los informantes.

 


* Dirección de Etnohistoria, INAH.

[1] Fueron tres de los once muertos del día 19 de junio.

[2] Cabe aclarar que estas noticias están dispersas en diarios de circulación electrónica, impresa y en revistas nacionales.

[3] Este grupo forma una pequeña muestra de los heridos.

[4] De acuerdo con el periodista Ismael García este proyecto, pactado mediante un convenio entre el gobierno federal, el gobierno estatal y el alcalde municipal de Salina Cruz, tiene como fin la reactivación económica e industrial de la región istmeña. Si bien el convenio abarcó temas como seguridad pública, ordenamiento territorial e incentivos de regulación económica, su objetivo principal es construir una vía alternativa al canal de Panamá. El Universal, sección Estados, Ciudad de México, 31 de enero de 2018.

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Emma Landeros Martínez, Nochixtlán: un domingo negro. Radiografía de una masacre, México, Aguilar, 2018.

 

Antonio Cruz Zárate

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